Con sólo
escuchar su nombre ya muchos cogen impulso para soñar. La isla
de los sultanes, de los harenes, de los mercaderes, de las
especias, de los perfumes, del marfil, de las prisiones, de los
esclavos, de los navegantes, de las playas de cocoteros mecidos
por la brisa del Océano Índico... Pongamos un poco de
imaginación y más de uno se sentirá como el mismísimo “Simbad
el marino” recalando en sus costas, sable en mano, para
rescatar a una princesa prisionera... o, como la propia princesa
raptada a la espera de un héroe salvador...
Es tal el
magnetismo literario que Zanzíbar ha ejercido sobre soñadores
y aventureros que ha inspirado magníficos relatos literarios de
escritores que ni siquiera llegaron a verla. Marco Polo ya
escribió sobre las riquezas de la isla. Incluso el propio Julio
Verne eligió Zanzíbar como arranque de la travesía por
África en un clásico del genero de aventuras como es “Cinco
semanas en globo”. Y es que la biografía de Zanzíbar supera
con creces la más avezada de las aventuras novelescas. O si no,
compruébese recorriendo las estrechas callejas y pasadizos de
la ciudad vieja compartiendo escena con los más dispares y
amables personajes en los mercados del pescado, de la fruta y de
todo lo que la imaginación sea capaz de asimilar.

 |
Conociendo
la vida de alguno de los protagonistas más sorprendentes de su
apasionante historia; sultanes; princesas; o la del más famoso
contrabandista de esclavos apodado Tip Tip, narradas en los
museos de la ciudad. O, mejor aun, crúcese en bote hasta el
Islote de las Tumbas, donde descansan marinos británicos y
árabes muertos en los combates contra los barcos de negreros
árabes del siglo pasado. O al Islote del Penal, en el que un
poderoso jeque construyó una prisión para esclavos insumisos y
que, años más tarde, fue recuperada como centro obligatorio de
cuarentena para todos los viajeros que llegaban de la India y
querían desembarcar en Zanzíbar.
Por cierto,
contemporáneas de algunas de estas apasionantes crónicas son
las tortugas gigantes de este islote cuya edad supera el siglo y
que parece no están dispuestas a relatar…
Continúa