Asentada frente al
horizonte del Océano Índico, Zanzíbar Town es la capital de
Zanzíbar a la que se llega generalmente en barco desde la
cercana costa continental de Dar es Salam. Su medina, casco
antiguo, es el corazón urbano que bombea el ritmo humano a toda
la ciudad. Mercado de mercados, sus estrechas y reviradas
callejuelas siempre desembocan en lo inesperado. Sorpresa tras
sorpresa en un decorado multirracial sacado de un cuento de las
“Mil y una noches”. Saris indios y pareos africanos
profusamente coloridos comparten calle con sobrios turbantes,
velos y chilabas en perfecta armonía.
Pasear por este
laberinto es embarcarse en un apasionante viaje en el tiempo a
un mundo tan diferente como inquietante que mantiene firme y
sosegada la cadencia de su pasado. Una atemporalidad gracias a
la que el visitante experimentará idénticas sensaciones que
los viajeros que recalaron en este puerto varios siglos atrás.
Al caer la tarde, las llamadas a oración desde los minaretes de
las mezquitas invitan a observar desde lo alto de alguna terraza
el caos arquitectónico perfectamente organizado de mezquitas,
iglesias, templos hindúes, palacios y viejas casonas
obsesivamente repujadas, dispuestas frente al omnipresente azul
metalizado del Océano Índico que no cesa de mecer las velas,
remendadas con sacos de trigo, de los pescadores locales.

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Stone Town, la Ciudad
de Piedra, debe su nombre al coral, a la piedra del mar con la
que se construyeron casas y palacios, desde los cimientos y
muros hasta las artísticas decoraciones que engalanan fachadas
e interiores. Sorprende la importancia y el detalle que se dio a
los adornos de todos los rincones de la ciudad, muchos de ellos
lamentablemente ocultos bajo la herrumbre y la mugre del
abandono y del paso de los años. Especialmente palpable es la
tradición en el diseño ornamental de las puertas de las
viviendas labradas, en madera de sésamo, hasta el último
resquicio con motivos y leyendas del Corán para protección y
prosperidad del dueño de la casa.
Todo este compendio
de testigos, hoy gravemente mutilados, pero tremendamente
exóticos y mágicos a ojos del extranjero, de lo que fue la
ostentación de los mercaderes más ricos del Oriente, a
determinado que la UNESCO esté volcada en la protección y
restauración de la “Ciudad de Piedra”.
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