Anexionada a
Tanganyika para formar la actual Tanzania, el archipiélago de
Zanzíbar lo forman las islas de Pemba y su vecina del sur
Unguja, a la que popularmente se apoda como Zanzíbar por ser la
más famosa, además de un grupo de islotes desperdigados que
flanquean el litoral de sus hermanas mayores. Unguja o, para
entendernos mejor, Zanzíbar, la isla que os presentamos, es
algo más pequeña que Fuerteventura, 85 kilómetrosde largo por
25 de ancho, su montaña más alta supera por poco la centena de
metros, posee selva tropical y su fondo marino es de los más
codiciados por buceadores de todo el mundo.

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Los 400.000 paisanos
que viven en ella se reparten entre su capital, Stone Town, y el
resto de pueblos que principalmente viven de la pesca, de la
agricultura, del cultivo de especias, de la recolección de
algas y, desde hace pocos años, de los miles de turistas que
arriban a estas costas en busca de exotismo por unos días.
Originalmente poblada por africanos bantú, éstos fueron
mezclándose con los mercaderes árabes recién llegados lo que
dio origen a la lengua swahili, que hoy se habla en toda África
oriental. Pobladores persas, indios y europeos fueron
asentándose siglo tras siglo generando en el archipiélago una
amalgama de razas, religiones y colorido desconcertante que se
mantiene latente en pleno siglo XXI.
Solo hay que dejarse cautivar por la
infinidad de diferentes tocados y vestidos que lucen, sobre
todo, las mujeres en cualquier callejuela de la medina. “Cuando
suena la flauta en Zanzíbar, África baila hasta los grandes
lagos”... dice un proverbio árabe. De Zanzíbar también dijo
el periodista-explorador, del siglo XIX, Henry Morton Stanley...
“Zanzíbar es la Bagdad, el Isfahan y el Estambul de África
oriental”. Para muchos, todavía hoy sigue siéndolo...
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