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Introducción
Espíritu de arroz
Vietnam rodante
El valor de resistir
Caminos de agua
Montañas de bambú
Atrapados en el tiempo

Guía Práctica

Otros Reportajes

Vietnam
Campos de plata
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez.
Caminos de agua
© Victoria Sánchez
El gran Delta del Río Mekong (al sur), conocido como el de los 9 dragones, es un sistema de canales que se ramifican en busca del Mar de China convirtiendo a esta región en la más fértil del país. Cerca de la mitad de la producción del arroz vietnamita sale de estos campos anegados, siempre cuando los tifones lo permiten. Este gran campo de arroz junto con el del Delta de Río Rojo (al norte) constituyen los dos graneros que sustentan el país. El peregrinaje del Río Mekong comienza en la meseta del Tibet (5.000m.) y en su descenso atraviesa Myamar (Birmania), Laos, Tailandia , Camboya y Vietnam en un periplo de 4.500km. hasta encontrarse con el mar.
 

© Victoria Sánchez

Ya en territorio vietnamita las aguas del Mecong se amansan y a lo largo de sus ramificaciones se mecen numerosas ciudades flotantes con sus respectivos mercados de mil y un pescados. Ferrys y barcazas nodriza son sorteados hábilmente por los pequeños juncos de pescadores que lanzan sus redes en busca de capturas. En los márgenes, rizados manglares tupen las orillas o surgen abarrotados pueblecitos sobre pilastras de madera albergando mercados, más mercados de lo impensable, y no por ello menos sabroso.
 

© Victoria Sánchez

Las viejas leyendas cuentan que bajo las aguas de la Bahía de Halong habita un enorme dragón y que las cerca de 3.000 picudas islas de origen cárstico de la bahía son la dentada cresta de su cola. Así es, la Bahía de Halong es un gigantesco laberinto de islotes de paredes verticales tupidas de frondosa vegetación. Son islas montaña labradas por las aguas a su antojo, algunas de las cuales albergan grutas solo accesibles por mar o tras una corta caminata por tierra firme. Una composición irreal, a veces fantasmagórica, que surge sobre las aguas del Golfo de Tonquín, verde clorofila y negro calizo sobre una alfombra líquida densamente azul.
 

© Victoria Sánchez

Siete siglos ante de nuestra era ya se pescaba en la Bahía de Halong y así sigue sucediendo. Son miles las barquitas y juncos de pescadores que diariamente a vela o a remo salen en busca de preciadas capturas como forma de vida. Esto ha provocado que toda una población de vietnamitas viva sobre sus casas flotantes sin necesidad de tocar tierra. La mejor manera de adentrarse y conocer los secretos de la Bahía es a bordo de alguna embarcación que nos conducca a través este espejismo de agua y sombras, que al atardecer, cuando los últimos rayos de sol incendian las aguas, compone una visión sobrecogedora.
 

© Victoria Sánchez

Muy interesante resulta visitar el puerto pesquero de la ciudad de Halong, para ello hay que tomar el ferry que parte del puerto turístico hasta el otro lado de la Bahía y por medio de alguna mototaxi (son motos Simson de origen checoslovaco con conductor) llegar hasta su bocana. Allí encontraremos un interesantísimo y concurrido mercado, cuyo producto estrella son los pescados recién traídos a puerto. Si esperamos a la tarde, asistiremos al regreso de infinidad chalupas repletas de mil y un pescados frescos y a su traslado a tierra para la venta en los atiborrados tenderetes.

 

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