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De norte a sur, una afilada cordillera
selvática levanta y aísla a una buena parte del país. Este
largo espinazo montañoso, denominado Cordillera Annamita por
herencia de la colonia francesa, hace de barrera orográfica
entre Camboya, Laos, China y las aguas del Mar de China.
Alturas de hasta 3.150 metros en el monte Fan Xi Pan, situado
al norte tocando con China, y de 2.600 metros en el monte Ngoc
Linh, en la zona central del país, albergan entre valles todo
un universo oculto de aldeas, grupos humanos y entorno natural
que no dan descanso al asombro. Los científicos cuando se
refieren a la cordillera y a sus junglas hablan de “un mundo
perdido” en donde los naturalistas no han dicho su última
palabra. Especies vegetales y animales únicas en el planeta
están siendo catalogadas en estos días, incluso paisanos de
aldeas remotas hablan de la existencia de homínidos que, por
qué no, podrían ser el tan buscado eslabón perdido de
nuestra especie.

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Una de las mejores experiencias que se
pueden vivir sobre el rugoso torso del dragón vietnamita es
la ascensión al monte Fan Xi Pan, la máxima altura de
Indochina. Sólamente la aproximación desde Hanoi hasta la
aldea de Sapa, desde donde arrancan las laderas de esta
montaña de clorofila ya es toda una aventura. Será necesario
tomar el tren nocturno a Lao Cai (rozando con la frontera
China) para una vez allí conseguir un jeep (normalmente
desguace de guerra de fabricación soviética) con el que
llegar hasta la lejana aldea de Sapa. Si las perpetuas brumas
lo permiten, ya desde sus mismas calles se avista la
descomunal mole vegetal bajo la que se ocultan los pendientes
contrafuertes de la montaña más alta de Vietnam.
Una vez en Sapa habrá que contactar con
algún guía local que consiga porteadores y provisiones pues,
a pesar de su relativa baja altitud, 3.160 metros, el Fan Xi
Pan puede presentar más dificultades de las deseadas: fuertes
pendientes embarradas; apabullante vegetación que hace
necesario abrirse paso con ayuda del machete; escasez de
puntos de agua; noches húmedas y frías o pasadas por agua;
acoso de sanguijuelas y principalmente la nula señalización
de las dos rutas de ascenso… Desde luego, sin las
condiciones climatológicas no son favorables, no debe
subestimarse el ascenso a la montaña.

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La ruta aparentemente más sencilla o “Directa”
necesita de tres días para completar el triángulo Sapa
-cumbre- Sapa, mientras que la denominada “ Pu Luong”
precisa de cuatro días. Esta última opción es la más
espectacular pues la ruta atraviesa previamente un hombro de
la montaña, a unos de 3.000 metros de altitud, desde donde se
obtiene una completa perspectiva de la cima. Pues hay que
tener en cuenta que una vez se ha cruzado el río de la
primera jornada, el único horizonte visible será la silueta
del guía abriendo camino y las paredes del pasillo vegetal
por el que serpentea la ruta. Una vez superado el tupido
bosque de cañas de bambú de los metros finales, en el que
será necesario bracear para avanzar, por fin se alcanza, casi
de improviso, el vértice de la montaña. Desde aquí, las
vistas a horizonte abierto de las montañas chinas y
vietnamitas serán la mejor de las recompensas, tras las
largas jornadas de camino a través del oscuro túnel
selvático que conduce a lo más alto de la cabeza del
dragón.
La mayoría de los que consiguen ascender
el Fan Xi Pan coinciden en asegurar que se trata de una
montaña muy diferente a las conocidas en otras latitudes...
Las impresionantes vistas, surgidas por encima de una jungla
vertical que se descuelga por inquietantes abismos,
compartidas con los hombres de la montaña, los H´mong
(porteadores), pertenecientes a uno de los pocos grupos
humanos que perduran en la noche de los tiempos, bien merecen
unos días de gratificante sacrificio.
Continúa

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