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Sumario

Introducción
El valor del Dragón nace en cada grano de arroz...
El dragón avanza a todo rodar
El Dragón se revuelve
Los caminos de un Dragón de Agua
Escarpado espinazo tiene el Dragón
Atrapados en el tiempo del Dragón
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Vietnam
... Mil vidas tiene el Dragón
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez
 
 El valor del Dragón nace en cada grano de arroz...
 
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© Victoria Sánchez

El arroz ha sido y sigue siendo el producto base de la alimentación vietnamita. Tanto de las grandes extensiones anegadas del delta del Río Mekong, al sur, y de las del Río Rojo, al norte, se recogen las cosechas que complacen a millones de estómagos. Entre estos dos inmensos silos median más de tres mil kilómetros de costa lindante con una abrupta y selvática cadena montañosa, en cuyas fértiles laderas los paisanos tuvieron que inventar la necesaria horizontal, mediante el característico sistema de terrazas, para cultivar también el prodigioso grano blanco. Grandes extensiones o pequeños huertos, cualquier superficie potencialmente encharcable será acondicionada como campo de labor para su cultivo.

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© Victoria Sánchez

Parece ser que la búsqueda de nuevos campos fértiles fue el motivo de las migraciones que desde el norte del país alcanzaron los deltas del sur, enraizando en tan largo y lento camino la llamada “cultura del arroz”. Y es que desde hace milenios, el hombre del sudeste asiático ha emparentado su ciclo vital y emocional a los ciclos productivos del tallo de arroz, buscando así favorecer espiritualmente la necesaria fecundidad de campos y semillas. Su cultivo es más que una forma de vida, es una dependencia física y espiritual, por eso cuando un campesino muere es enterrado en mitad del arrozal, para que así su espíritu impregne el nuevo grano de arroz que será alimento de futuras generaciones.

Cuando los monzones inundan los campos, a principios de junio, comienza la siembra al paso de las yuntas de búfalos. Tallo a tallo, el arroz previamente germinado en semilleros es transplantado con la esperanza de que los designios superiores sean propicios. Una vez las espigas han conseguido cargase del deseado grano blanco llega el momento de recoger la cosecha. Será una labor lenta y laboriosa sin más ayuda mecánica que el tradicional tiro de búfalos. Encorvados y al compás de la hoz, toda la familia participará en la siega de los esbeltos tallos ya vencidos por el peso de las espigas, que luego habrán de secarse extendidas al sol antes del trillado final. En algunas aldeas, con la involuntaria ayuda de coches y camiones que ruedan por encima de improvisadas parvas tendidas en plena carretera bajo la atenta mirada de su cuidador, que esperará paciente a que cascara y grano se separaren antes de ser aventados.

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Gracias a las sustentadoras cosechas de arroz, Vietnam ha escrito su pasado y construye el presente alimentando a sus 75 millones de habitantes, de los cuales el 80% vive con los pies en el agua ocupados de su cultivo. No sólo es el alimento que preside o guarniciona los mil y un platos de la sabrosa gastronomía local, sino que de las 80 variedades de grano también se obtiene harina, papel de arroz, tallarines, aceite, cerveza, medicinas, productos de cosmética y tantos otros derivados. Por eso, una vez sentados a la mesa frente a un plato vietnamita y como deferencia hacia nuestros anfitriones, conviene aprender a utilizar lo más “dignamente” posible el noble y difícil arte de comer con palillos.

Continúa


 

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