|
Bienvenidos
al fascinante universo mutante que es la cima de un tepuy... El
alto grado de humedad, las nieblas, los vientos y la baja
temperatura provocados por la altitud y la desprotección de la
meseta, aconsejan, una vez arriba, acomodarse lo antes posible
para pasar la noche en alguno de los refugios naturales del
altiplano. A los que sarcásticamente se denomina “hoteles”
del Roraima, y que en caso de tormenta apaciguarán sus efectos
y los cero grados a los que puede descender la sensación
térmica. A la mañana siguiente, 60 kilómetros cuadrados de
altiplanicie suspendidos en los orígenes del planeta esperan
ser explorados. Caprichosas formaciones de roca, lagunas, pozos,
cascadas, cuevas y ríos generan un ambiente fantasmagórico
cuando la niebla o la lluvia barren la meseta.

 |
Lugares de
nombres como “El valle de los cristales”, “El foso”, “Los
laberintos del norte”, “El lago Gladis, “La proa”, “El
carro Maverick” (sobre cuyo capó esta el punto más alto del
tepuy) o “El punto triple”(donde se encuentra el mojón
geográfico en el que convergen las fronteras de Venezuela,
Brasil y Guyana) son atractivos que el caminante irá
descubriendo en un paseo de horas, que le trasportará a
paisajes y escenarios de cuento de hadas. Sin embargo, la
fragilidad del terreno por el que estamos pisando, obliga a
recordar que cualquier roca que sea removida o planta pisoteada
supondrá una agresión al medio equivalente a cientos o miles
de años de erosión. Y es que entre los vericuetos de este
laberinto orográfico nacen plantas, anfibios, insectos...
únicos en el mundo y especies que aun no están catalogadas. No
olvidemos que las leyendas de los indios pemón narran la
existencia de criaturas que se alimentan de seres humanos...
Continúa

|