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Sumario

Introducción
Espacios para el asombro
Geográficamente Recóndito
Tepuyes... Montañas Diferentes
Indios Pemón... Guardianes de la Gran Sabana
La Madre de todas las Aguas
Tocar el techo de la Gran Sabana
Caminar sobre la edad de la Tierra
A vista de Pájaro
Santa Elena de Uairén... La Puerta de la Gran Sabana
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Gran Sabana Venezolana
Pasaje a un Mundo Encantado
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez
 Tocar el techo de la Gran Sabana
 
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© Victoria Sánchez

Alcanzar la cumbre del Roraima Tepuy es una de esas experiencias que bien merecen ser vividas. La oportunidad de caminar sobre una porción de planeta que permanece prácticamente igual que hace 2.500 millones de años es difícilmente rechazable. Desde la aldea pemón de Paraitepuy de Roraima, a la que se llega en 4x4 desde San Francisco Yuruaní, arranca el camino que enfila hacia las grandes murallas que forman los tepuyes Roraima y Kukenán. A lo largo del primer día, tras unas cuatro o cinco horas de cómoda caminata atravesando un par de ríos, se llega hasta el Campamento del Río Kukenán en donde se hace noche. Durante la segunda jornada ya comienza el lento ascenso por la falda de la montaña, de unas tres a cuatro horas, a través de colinas que poco a poco van ganando altura hasta alcanzar el conocido como Campamento Base, en el que se pasa la segunda noche. Al amparo de los descomunales farallones de los tepuyes que permanecen al frente, el excursionista comienza a percibir la verdadera dimensión del escenario que le rodea. 

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© Victoria Sánchez

Especialmente cuando surgen los contraluces que provoca la puesta de sol sobre la sabana y que dará paso a uno de los cielos más nítidos que puedan imaginarse. Con el amanecer llega el gran día, comienza la verdadera ascensión a lo largo de los 1.400 metros de desnivel prácticamente verticales de la pared occidental, si bien la ruta, única para subir caminando, serpentea sin dificultades a lo largo de un aéreo y empinado sendero que va ganando metros a la horizontal de la sabana. Paso a paso irán quedando atrás los característicos contrafuertes y repisas de la “Gran Muralla de Oro”, como se conoce a esta flanco de la montaña. Animados y “refrescados” por la belleza de lugares como “La lagrima”, que es una cortina de agua pulverizada bajo la que hay que pasar, se va aliviando el esfuerzo que supone la subida. Y que tras tres o cuatro horas de trepada a pie por la angosta senda, peldaño a peldaño, por fin se alcanza el techo de la Gran Sabana venezolana a 2.810 metros... Todo un magnífico mirador sobre los 360 grados de panorámica, que los ascensionistas desde aquí disponen con solo girarse sobre sí mismos.

Continúa


 

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