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Alcanzar la
cumbre del Roraima Tepuy es una de esas experiencias que bien
merecen ser vividas. La oportunidad de caminar sobre una
porción de planeta que permanece prácticamente igual que hace
2.500 millones de años es difícilmente rechazable. Desde la
aldea pemón de Paraitepuy de Roraima, a la que se llega
en 4x4 desde San Francisco Yuruaní, arranca el camino que
enfila hacia las grandes murallas que forman los tepuyes Roraima
y Kukenán. A lo largo del primer día, tras unas cuatro o cinco
horas de cómoda caminata atravesando un par de ríos, se llega
hasta el Campamento del Río Kukenán en donde se hace noche.
Durante la segunda jornada ya comienza el lento ascenso por la
falda de la montaña, de unas tres a cuatro horas, a través de
colinas que poco a poco van ganando altura hasta alcanzar el
conocido como Campamento Base, en el que se pasa la segunda
noche. Al amparo de los descomunales farallones de los tepuyes
que permanecen al frente, el excursionista comienza a percibir
la verdadera dimensión del escenario que le rodea.

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Especialmente cuando surgen los contraluces que provoca la
puesta de sol sobre la sabana y que dará paso a uno de los
cielos más nítidos que puedan imaginarse. Con el amanecer
llega el gran día, comienza la verdadera ascensión a lo largo
de los 1.400 metros de desnivel prácticamente verticales de la
pared occidental, si bien la ruta, única para subir caminando,
serpentea sin dificultades a lo largo de un aéreo y empinado
sendero que va ganando metros a la horizontal de la sabana. Paso
a paso irán quedando atrás los característicos contrafuertes
y repisas de la “Gran Muralla de Oro”, como se conoce a esta
flanco de la montaña. Animados y “refrescados” por la
belleza de lugares como “La lagrima”, que es una cortina de
agua pulverizada bajo la que hay que pasar, se va aliviando el
esfuerzo que supone la subida. Y que tras tres o cuatro horas de
trepada a pie por la angosta senda, peldaño a peldaño, por fin
se alcanza el techo de la Gran Sabana venezolana a 2.810
metros... Todo un magnífico mirador sobre los 360 grados de
panorámica, que los ascensionistas desde aquí disponen con
solo girarse sobre sí mismos.
Continúa

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