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Posiblemente
el tepuy más emblemático para un caminante sea el Roraima
pues, de los 115 tepuyes existentes en la Gran Sabana, éste es
el más elevado llegando a los 2.810 metros de altitud. Nombrado
por los indios pemón como “Madre de todas las aguas”,
de su altiplano nacen varios ríos cuyas aguas finalmente van a
desembocar en las grandes arterias fluviales del Orinoco, del
Amazonas y del Esequibo. Es la morada de la diosa Kuin,
según cuentan las leyendas de los indios pemón, y todos
los que consiguen ascender a su reino son ofrendados con licor
de yuca y música de los vientos en señal de bienvenida.
Aunque, como también cuentan las leyendas, en la cima de la
montaña habitan fuerzas misteriosas que han hecho desaparecer
los cuerpos de varios visitantes perdidos en el laberinto de
rocas de la cumbre...

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Pero la atracción que provoca al
espectador contemplar la silueta de la montaña desde Paraitepuy,
la última aldea pemón de camino hacia el gran muro
occidental, es irremediable. La ilusión de ascender por su
aéreo sendero atravesando un bosque de niebla entre helechos
gigantes, bromelias y vistosas orquídeas para conseguir caminar
sobre un lugar erigido a modo de altar terrenal, bien merece
unos días de esfuerzo y de caminata que serán sobradamente
recompensados. Motivo bien diferente al de los primeros
exploradores occidentales de la montaña, que buscaban en lo
más alto tesoros inimaginables, fruto de los rumores que
aseguraban que desde lejos eran visibles los destellos de
montículos de oro y de diamantes.
Continúa

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