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Los pemón
llaman a sus tierras “Lugar de Cerros” y estos cerros
cortados son los característicos tepuyes que se desperdigan por
la Gran Sabana. Son gigantescas formaciones rocosas labradas por
la continua erosión de miles de años, cuyas cumbres, en forma
de amplias mesetas, permanecen aisladas del selvático suelo
debido a la verticalidad de las paredes que perfilan todo su
contorno. A consecuencia del alto índice de lluvias que recibe
la zona, de lo alto de sus cimas aparentemente planas, pero
tremendamente accidentadas, nacen ríos que forman lagunas y se
derraman pared abajo formando sensacionales colas de caballo,
como la del famoso Salto de Ángel, de mil metros de caída, en
el Auyan Tepuy.

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Aquí arriba, mil y pico metros más cerca de
las nubes que del ondulado tapiz vegetal que forma la Gran
Sabana, se levantan curiosas estructuras rocosas de mil y una
apariencia que han formado misteriosas grutas y, en algunos
tepuyes, dan origen a profundas simas que parecen buscar el
nivel que perdieron en relación con la horizontal de la sabana.
Pero lo más fascinante cuando se camina por los tejados de
estas porciones de superficie, robadas a un mundo terrenal que
permanece más de mil metros por debajo y algún millón de
años por delante, son las variedades de flora (especialmente
plantas carnívoras) y fauna que no han tenido más remedio que
adaptarse al severo terreno, algunas de ellas imposibles de
encontrar en otro lugar del planeta.
Continúa

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