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Desplegando
el mapa de Venezuela, la Gran Sabana se sitúa al sur del río
Orinoco, en parte dentro del Parque Nacional Canaima, y ocupando
un área de unos 75.000 Km2, algo así como la superficie que
ocupa la Comunidad Andaluza. Sembrada de tepuyes, su más
característico y conocido es el Roraima, que además hace de
vértice geodésico natural a modo de esquina entre Brasil,
Guyana y Venezuela. Esta inaccesibilidad geográfica de la
región es la que ha permitido que durante siglos, este rincón
del planeta haya permanecido ajeno a las grandes colonizaciones
occidentales destructores de otros espacios naturales de la
tierra. Hace 30 años que la carretera que se interna en la Gran
Sabana fue inaugurada y poco más de diez que fue asfaltada,
permitiendo así unir la región con las grandes ciudades
circundantes.

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Y es que, no hace tantos años que llegar a la
Gran Sabana precisaba de una semana de penoso viaje terrestre
desde Caracas. Gracias a este aislamiento protector, hoy el
visitante puede experimentar la sensación de encontrarse en un
entorno de naturaleza primitiva, donde los estudios científicos
datan algunas de las formaciones rocosas y de especies vegetales
y faunísticas más antiguas del planeta. Todo un misterioso “Mundo
perdido”, como tituló su famosa novela de aventuras y
dinosaurios Arthur Conan Doyle, en el que tras millones de años
de erosión sólo los tepuyes, auténticas islas ancladas en el
tiempo, han conseguido perdurar sin apenas cambios.
Continúa

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