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La primera
vez que observas una formación de tepuyes rompiendo el
horizonte de la Gran Sabana, los imaginas como islas de roca
vertical surgidas de un mar de clorofila selvática. Cuando te
acercas y descubres que desde sus alturas se descuelgan las
cascadas que dan vida a los ríos del Amazonas, sientes que
estás frente a un santuario privilegiado. Pero no es hasta que
consigues ascender a uno de ellos, cuando comprendes que
pertenecen a un espacio mágico anterior al tiempo, cuya esencia
está hecha de la materia con la que se fabricó la tierra...
“A
medida que escuchaban, los hobbits empezaron a entender las
vidas del bosque, distintas de las suyas, sintiéndose en verdad
extranjeros allí donde las cosas estaban en su sitio”...
(El señor de los anillos)
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