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Sumario

Introducción
1.a Etapa:
Alice Springs
2.a Etapa:
Kings Cannyon
3.a Etapa:
Uluru y Kata Tjuta
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Uluru
El Corazón de Australia
Texto y fotos: Ricardo Ontillera
 
 3.ª Etapa: Uluru y Kata Tjuta
 
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© Ricardo Ontillera

Otros 500 kilómetros de carretera desde Kings Cannyon nos acercarán a la base del Uluru. Durante todo el camino el paisaje no varía, aquí y allá árboles, matorrales, arena roja y cada 100 o 150 kilómetros un lugar donde repostar y estirar las piernas.

No hace mucho que el gobierno australiano devolvió estas tierras a sus legítimos propietarios: los aborígenes del pueblo Anangu. Actualmente son ellos los responsables de la protección y gestión del Parque Nacional Uluru y Kata Tjuta. Con ayuda del gobierno han construido un centro cultural en la base del Uluru para mostrar a los visitantes su modo de vida, sus costumbres, sus ritos, su artesanía…Sin duda es uno de los mejores lugares donde adquirir artesanía aborigen de la mejor calidad y a buen precio. Ellos también cambiaron el nombre que los descubridores ingleses dieron a estas rocas (AYERS ROCK y OLGAS) por los actuales ULURU y KATA TJUTA. Uluru es una única roca mientras que Kata Tjuta es un grupo de 36 rocas situadas a más de 25 kilómetros de la anterior. Yulara, a 12 kilómetros de Uluru, es el centro turístico del parque y cuenta con instalaciones de todo tipo, hoteles y cámpings incluidos.

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© Ricardo Ontillera

Las rocas son sagradas y en ellas habitan sus antepasados y sus dioses. Aquí realizan sus rituales y hacen sus ofrendas. Es un lugar de culto y la visita debe ser respetuosa. Cada arista, cada cueva, cada señal de la roca tiene su propia historia y su significado que se mantienen latentes a través de los tiempos, gracias a la herencia oral transmitida por los padres y ancianos de la comunidad. Cuentan que ambos lugares fueron creados por espíritus ancestrales que también les dieron las leyes y las normas de comportamiento por las que se rigen en nuestros días.

El aspecto de la gran roca Uluru impresiona según te vas acercando a ella. Empieza a ser visible desde unos 50 kilómetros de distancia pero su mejor panorámica está a unos 3 kilómetros desde el Sunset Wiev -mirador del atardecer-. Una pared de roca de 348 metros de altura, con un diámetro mayor de más de 4 kilómetros y una circunferencia de 9,5 kilómetros que vista desde el aire se asemeja a un corazón, “el corazón de Australia”. Es de un color que va del rojo al marrón y al gris pasando por el rosa, dependiendo de la altura a la que se encuentre el sol y de cómo la atmósfera filtre sus rayos.

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© Ricardo Ontillera

La mejor hora para intentar la ascensión es muy temprano, sobre las seis de la mañana, siempre y cuando las condiciones atmosféricas lo permitan. Si llueve, hace viento o demasiado calor no se permite la subida, aunque lo normal es que se suspenda el ascenso a partir de una temperatura de 36º C. Si se tiene la suerte de subir hay que cumplir al pie de la letra las normas de seguridad que figuran en la base escritas en varios idiomas; sobre todo llevar abundante agua, buen calzado que se agarre a la resbaladiza roca, sombrero que se pueda atar para que no se lo lleve el viento y protección contra el sol.

Habrá que tener en cuenta los problemas físicos de cada cual y no intentar la ascensión sin una condición física adecuada o con problemas de corazón. Para subir el primer tramo hasta los 200 m., que son los que presentan más dificultad, se ha instalado una cadena para ayudar a vencer la fuerte pendiente. El resto es más fácil con continuos subibajas que recorren la cresta superior de la roca hasta llegar a su punto más elevado. El camino está marcado y no conviene salirse pues la roca es muy traicionera y no hay donde agarrarse si se produjera un inesperado resbalón; desde que el turismo sube a la cima ya han muerto varias personas por caídas e imprudencias.

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© Ricardo Ontillera

Hasta la cima son 1,6 kilómetros y el tiempo de subida y bajada suele ser de unas dos horas, aunque con una buena preparación puede hacerse el recorrido en menos tiempo. Es aconsejable ir despacio y con precaución ya que la ruta se convierte en una larga hilera de ascensionistas. Una vez en la cima la panorámica del desierto australiano es impresionante. La llanura se extiende hasta el infinito y en un día claro y despejado podemos ver en 100 kilómetros a la redonda todos los accidentes geográficos del terreno; sobre todo la majestuosidad de Kata Tjuta y, a más de 100 kilómetros, la elevación del Monte Connor, que simulan icebergs gigantes sobre un mar de arena.

La roca adquiere una tonalidad tan especial cada atardecer que para el espectador es una experiencia difícil de olvidar. Son muchos los turistas que, desde el Sunset Wiev, brindan con champán e incluso aplauden entre suspiros de admiración cuando la roca es bañada por ese resplandor rosáceo-anaranjado de los últimos rayos del sol de poniente. Posiblemente sea éste el momento en que más disparos de cámara fotográfica reciba un accidente geográfico en el planeta.

Los aborígenes prefieren que no se suba a la cima de la roca por respeto a su cultura y sus ritos, y por el significado que eso tiene, pero de todas formas respetan también la decisión de quien decide subir. Por eso, ofrecen también la posibilidad de realizar rutas alternativas que recorren la base de la roca en todo su perímetro a lo largo de unas 3 horas de duración, para apreciar cada uno de los rincones, grietas, cuevas y demás accidentes que conforman la roca, y que poseen significado propio para la cultura aborigen del pueblo Anangu.

Para acabar esta etapa podemos acercarnos a Kata Tjuta, que traducido del aborigen significa "muchas cabezas". Son un conjunto de 36 piedras inmensas, con aspecto de cúpulas redondeadas, reunidas en un rectángulo de unos 15 por 8 kilómetros, algunas de las cuales son más altas que el propio Uluru con alturas de 540 metros.
Ambas formaciones aparecieron al mismo tiempo y de la misma manera: hace millones de años las placas tectónicas centrales de Australia se solaparon y elevaron estas rocas, luego la superficie que las rodea fue asentándose y éstas quedaron al descubierto. Aún así sólo el 5% del total del volumen de las rocas queda al descubierto, el resto duerme en la profundidad del desierto.

Hay varios itinerarios marcados para verlas de cerca y contemplar cómo la roca desaparece tragada por la arena del desierto. Podemos adentrarnos entre las dos rocas más grandes, "The Olga Gorge Walk", y sentir cómo te aprisionan esos dos muros de más de 300 metros de altura. También se puede recorrer el llamado "Valley of the Winds Track" por un camino de 7,4 kilómetros donde el viento se cuela entre las inmensas paredes de roca. Las precauciones para andar entre ellas son las mismas de siempre: calzado, protección solar, ropa adecuada y agua en abundancia.

Para admiración de visitantes, aún hoy las rocas siguen creciendo cada año un poquito más. Siguen dominando el desértico horizonte desde su pétrea altura y así seguirán… rompiendo con su silueta la infinita planicie de un continente que surgió del fondo del océano.

Continúa


 

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