Otros 500 kilómetros de carretera
desde Kings Cannyon nos acercarán a la base del Uluru. Durante
todo el camino el paisaje no varía, aquí y allá árboles,
matorrales, arena roja y cada 100 o 150 kilómetros un lugar
donde repostar y estirar las piernas.
No hace mucho que el gobierno
australiano devolvió estas tierras a sus legítimos
propietarios: los aborígenes del pueblo Anangu. Actualmente son
ellos los responsables de la protección y gestión del Parque
Nacional Uluru y Kata Tjuta. Con ayuda del gobierno han
construido un centro cultural en la base del Uluru para mostrar
a los visitantes su modo de vida, sus costumbres, sus ritos, su
artesanía…Sin duda es uno de los mejores lugares donde
adquirir artesanía aborigen de la mejor calidad y a buen
precio. Ellos también cambiaron el nombre que los descubridores
ingleses dieron a estas rocas (AYERS ROCK y OLGAS) por los
actuales ULURU y KATA TJUTA. Uluru es una única roca mientras
que Kata Tjuta es un grupo de 36 rocas situadas a más de 25
kilómetros de la anterior. Yulara, a 12 kilómetros de Uluru,
es el centro turístico del parque y cuenta con instalaciones de
todo tipo, hoteles y cámpings incluidos.

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Las rocas son sagradas y en ellas
habitan sus antepasados y sus dioses. Aquí realizan sus
rituales y hacen sus ofrendas. Es un lugar de culto y la visita
debe ser respetuosa. Cada arista, cada cueva, cada señal de la
roca tiene su propia historia y su significado que se mantienen
latentes a través de los tiempos, gracias a la herencia oral
transmitida por los padres y ancianos de la comunidad. Cuentan
que ambos lugares fueron creados por espíritus ancestrales que
también les dieron las leyes y las normas de comportamiento por
las que se rigen en nuestros días.
El aspecto de la gran roca Uluru
impresiona según te vas acercando a ella. Empieza a ser visible
desde unos 50 kilómetros de distancia pero su mejor panorámica
está a unos 3 kilómetros desde el Sunset Wiev -mirador del
atardecer-. Una pared de roca de 348 metros de altura, con un
diámetro mayor de más de 4 kilómetros y una circunferencia de
9,5 kilómetros que vista desde el aire se asemeja a un
corazón, “el corazón de Australia”. Es de un color que va
del rojo al marrón y al gris pasando por el rosa, dependiendo
de la altura a la que se encuentre el sol y de cómo la
atmósfera filtre sus rayos.

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La mejor hora para intentar la
ascensión es muy temprano, sobre las seis de la mañana,
siempre y cuando las condiciones atmosféricas lo permitan. Si
llueve, hace viento o demasiado calor no se permite la subida,
aunque lo normal es que se suspenda el ascenso a partir de una
temperatura de 36º C. Si se tiene la suerte de subir hay que
cumplir al pie de la letra las normas de seguridad que figuran
en la base escritas en varios idiomas; sobre todo llevar
abundante agua, buen calzado que se agarre a la resbaladiza
roca, sombrero que se pueda atar para que no se lo lleve el
viento y protección contra el sol.
Habrá que tener en cuenta los
problemas físicos de cada cual y no intentar la ascensión sin
una condición física adecuada o con problemas de corazón.
Para subir el primer tramo hasta los 200 m., que son los que
presentan más dificultad, se ha instalado una cadena para
ayudar a vencer la fuerte pendiente. El resto es más fácil con
continuos subibajas que recorren la cresta superior de la roca
hasta llegar a su punto más elevado. El camino está marcado y
no conviene salirse pues la roca es muy traicionera y no hay
donde agarrarse si se produjera un inesperado resbalón; desde
que el turismo sube a la cima ya han muerto varias personas por
caídas e imprudencias.

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Hasta la cima son 1,6 kilómetros y
el tiempo de subida y bajada suele ser de unas dos horas, aunque
con una buena preparación puede hacerse el recorrido en menos
tiempo. Es aconsejable ir despacio y con precaución ya que la
ruta se convierte en una larga hilera de ascensionistas. Una vez
en la cima la panorámica del desierto australiano es
impresionante. La llanura se extiende hasta el infinito y en un
día claro y despejado podemos ver en 100 kilómetros a la
redonda todos los accidentes geográficos del terreno; sobre
todo la majestuosidad de Kata Tjuta y, a más de 100
kilómetros, la elevación del Monte Connor, que simulan
icebergs gigantes sobre un mar de arena.
La roca adquiere una tonalidad tan
especial cada atardecer que para el espectador es una
experiencia difícil de olvidar. Son muchos los turistas que,
desde el Sunset Wiev, brindan con champán e incluso aplauden
entre suspiros de admiración cuando la roca es bañada por ese
resplandor rosáceo-anaranjado de los últimos rayos del sol de
poniente. Posiblemente sea éste el momento en que más disparos
de cámara fotográfica reciba un accidente geográfico en el
planeta.
Los aborígenes prefieren que no se
suba a la cima de la roca por respeto a su cultura y sus ritos,
y por el significado que eso tiene, pero de todas formas
respetan también la decisión de quien decide subir. Por eso,
ofrecen también la posibilidad de realizar rutas alternativas
que recorren la base de la roca en todo su perímetro a lo largo
de unas 3 horas de duración, para apreciar cada uno de los
rincones, grietas, cuevas y demás accidentes que conforman la
roca, y que poseen significado propio para la cultura aborigen
del pueblo Anangu.
Para acabar esta etapa podemos
acercarnos a Kata Tjuta, que traducido del aborigen significa
"muchas cabezas". Son un conjunto de 36 piedras
inmensas, con aspecto de cúpulas redondeadas, reunidas en un
rectángulo de unos 15 por 8 kilómetros, algunas de las cuales
son más altas que el propio Uluru con alturas de 540 metros.
Ambas formaciones aparecieron al mismo tiempo y de la misma
manera: hace millones de años las placas tectónicas centrales
de Australia se solaparon y elevaron estas rocas, luego la
superficie que las rodea fue asentándose y éstas quedaron al
descubierto. Aún así sólo el 5% del total del volumen de las
rocas queda al descubierto, el resto duerme en la profundidad
del desierto.
Hay varios itinerarios marcados para
verlas de cerca y contemplar cómo la roca desaparece tragada
por la arena del desierto. Podemos adentrarnos entre las dos
rocas más grandes, "The Olga Gorge Walk", y sentir
cómo te aprisionan esos dos muros de más de 300 metros de
altura. También se puede recorrer el llamado "Valley of
the Winds Track" por un camino de 7,4 kilómetros donde el
viento se cuela entre las inmensas paredes de roca. Las
precauciones para andar entre ellas son las mismas de siempre:
calzado, protección solar, ropa adecuada y agua en abundancia.
Para admiración de visitantes, aún
hoy las rocas siguen creciendo cada año un poquito más. Siguen
dominando el desértico horizonte desde su pétrea altura y así
seguirán… rompiendo con su silueta la infinita planicie de un
continente que surgió del fondo del océano.
Continúa
