Es la ciudad más grande y la única
reconocible sobre el mapa en todo el centro de Australia. Desde
aquí y en un radio de 1000 kilómetros no existe más que
desierto salpicado cada muchos kilómetros por algunas pequeñas
poblaciones, distribuidas en unas pocas edificaciones reunidas
en torno a una gasolinera. Tan solo Tennat Creek, a 500
kilómetros al norte, puede considerarse una ciudad al uso
europeo.
Hasta Alice Springs se puede llegar
en avión, autobús, tren, autocaravana o coche particular; todo
depende del presupuesto que uno se quiera o pueda gastar y del
tiempo que disponga. Lo ideal es siempre acercarse allí en
invierno pues las temperaturas del verano superan fácilmente
los 40ºC.

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Es aquí donde encontraremos la
concentración más alta de población aborigen de todo el
territorio australiano. También es el lugar de partida, llegada
y aprovisionamiento para los que inician todas las rutas que se
internan en el desierto y especialmente de las que se acercan a
visitar los parques nacionales de WATARRKA y ULURU-KATA TJUTA.
Si se dispone de tiempo también puede visitarse, a unos 100
kilómetros de Alice Springs, el obelisco arenoso
rojo-amarillento de 350 millones de años de edad y 50 metros de
altura llamado Chambers Pillar, sagrado para los aborígenes. A
150 kilómetros al SO, también merecen visita los 12 cráteres
formados por meteoritos que cayeron aquí hace miles de años y
de cuya colisión se cree los aborígenes fueron testigos. Y
puestos a caminar, es ineludible realizar alguna caminata por
los restos erosionados de lo que fue la monumental cordillera,
hace 300 millones de años, sobre la que hoy se asienta la
mismísima Alice Springs.
La ciudad vive por, para y del
turismo, con una población flotante de visitantes que van y
vienen y que encuentran acomodo en los hoteles y en los
backpackers a precios asequibles a casi todos los bolsillos.
Aquí mismo, el recién llegado podrá encontrar una oferta
amplísima de rutas guiadas hacia cualquier destino de
Australia.
El calor y las moscas son la otra constante de Alice Springs y
de todo el desierto central australiano. Desierto que no parece
tal, ya que la inmensa planicie aparece alfombrada de matorral y
árboles sobre el fondo rojo-marrón intenso de la ardiente
arena. Durante el día la actividad animal apenas es perceptible
debido al calor; escorpiones, serpientes, dingos, canguros,
roedores y todo tipo de insectos inician su actividad vital con
la caída de la tarde, cuando el mercurio desciende.

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Antes de internarse en el desierto
conviene aprovisionarse de agua y protegerse de los rayos del
sol con sombrero, camiseta de manga larga, llevar crema con un
índice alto de protección solar, un calzado adecuado,
redecilla antimosquitos y la comida suficiente. Todo esto puede
conseguirse en la cosmopolita Alice Springs.
Muy al contrario que los turistas,
los aborígenes encuentran en el desierto todo lo que necesitan,
aprovechan la vegetación para proveerse de vasijas, canastas,
boomerangs, lanzas, veneno para sus lanzas... La planta más
abundante es un matorral llamado Spinifex que, a pesar de su
aspecto delicado, es áspera y pincha como un puñado de
alfileres. El árbol más común en Australia es el Eucaliptus,
si bien en algunas zonas del desierto central también es
abundante el Kurkara, que posee hojas muy finas para evitar la
pérdida de agua y una vez alcanza cierta altura se expande en
horizontal adquiriendo el característico aspecto tenebroso con
sus hojas en forma de barbas ralas.
Continúa
