Vuelta al
barco. Dejamos las cámaras y nos vamos con el dinghy a la
playa. La marea está bajando, ha dejado colgados en la arena a
varios pepinos de mar (sea cucumber) a un cangrejo manco, a una
estrella de mar. Tranquilos, siempre vuelve.
Recojo
conchas mientras paseo por la orilla. No veo a los monos. Vuelvo
a por el capitán que está durmiendo la siesta. Paseamos por el
pueblo, me compro un pareo en uno de los puestos (no olvidéis
regatear), una cerveza fresquita. Hay mucha actividad, están
preparando la cena, se pueden ver los pescados y los mariscos en
mostradores-barco a la entrada de cada restaurante, así eliges
lo que quieres que te preparen. Volvemos al barco. Ducha. Un
banco de peces hace sonar la alarma de la sonda. Estoy
hambrienta.
Decidimos ir
a cenar al mismo restaurante que la noche pasada, la comida es
deliciosa y el precio. (unos 6´5 euros dos personas, 4 platos
que no te acabas). Mientras esperamos hago fotos al cocinero. Es
muy curioso verle trabajar. Le han pedido pescado, mejillones,
gambas y un cangrejo. Lo tiene todo fresco en un plato. Pone
sobre la plancha una hoja de palma, echa aceite de coco por
encima y por debajo de la hoja. Pone todo el pescado y los
mariscos encima de la hoja menos los mejillones. Mantequilla de
cacahuete, sal, chorrito de soja y ajos tiernos, un poquito de
jengibre. Lo tapa todo con una tapa metálica, se va haciendo al
vapor-plancha. Lo descubre, ya está casi listo. En el último
momento echa los mejillones y la verdura (tomate, maíz,
cebolla). Huele de maravilla.

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Cenamos
noodles con gambas, arroz agridulce con calamares, carne de buey
salteada con verduras y cangrejo con curry. Lo bueno es que
dentro de una hora parece como si no hubieses cenado. Un ron
después de la cena, en la playa, y al barco, que mañana
regresamos a la base de Phuket.
Salimos a
las 8 a.m. (para llegar con la marea alta y poder entrar en la
base). Luce el sol, navegamos hacia Phuket con buen tiempo. Por
el camino nos cruzamos con bastantes barcos de pesca y long
tail, es increíble la cantidad de pescadores que hay. Llegamos
a la marina donde nos recibe el jefe de base. Charlamos con él
sobre el viaje, nos pregunta sobre el barco. Todo perfecto.
El capitán
va a reunirse con su amigo Jan, un holandés que lleva 18 años
viviendo en Tailandia. Tiene su oficina en la marina, alquila
yates (en España trabaja con Aproache, alquilando barcos con
tripulación). Nos invita a pasar la noche en su hotel que está
en la costa oeste de la isla, en Kamala. Hacemos el equipaje,
dejamos el barco.

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Llegamos a
Kamala de noche, es un hotel pequeño, de 8 habitaciones pero
muy acogedor, tiene un coqueto restaurante. Cenamos con Jan,
bebemos vino español que le ha traído el capitán, pero no le
ha sentado muy bien el viaje al pobre vino aunque no importa,
acompaña perfectamente a la comida. Mejillones verdes (por fin
los pruebo) con una salsa de ajos, gambas a la plancha con salsa
picante, pescado a la plancha con verduras, cangrejo y arroz,
por supuesto. Todo delicioso. Charlamos, me cuentan sus
aventuras de capitanes intrépidos. Fascinante. Tendremos que
corresponder a Jan y a su familia porque nos invitan a la cena y
a dormir. Nos está saliendo muy económico. Por la mañana
antes de salir hacia Bangkok voy hasta la playa, se llega desde
el jardín del hotel, por una pasarela de madera. Las vistas son
maravillosas. Fotos. Se las mandaré… Llegamos a Bangkok,
vamos a pasar el día aquí y mañana regresaremos a casa, al
día a día cotidiano, pero esto es otra historia, ya os
contaré...
Para
entonces… en la retina un color, el de Tailandia: verde, verde
y más verde...
Continúa