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Sumario

Introducción
Una fuga a tiempo es una victoria
Bandera pirata en lo alto del mástil
Prodigioso cambio de luces
Islotes de clorofila
Se está... ¡de bigotes!
Al abrigo de millones de peces
Un color para el recuerdo
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Tailandia
"Piensa en verde..."
Texto y fotos de Carmen Hernández
 
 Islotes de clorofila
 
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© Carmen Hernández

La cena fue fantástica, las setas estaban mezcladas con huevos y los noodles (spaguettis kilométricos) con verduras. Para acompañarlo un buen vino y luego unos roncitos. Esta noche ha hecho calor, de pronto comienza a soplar viento fuerte. Son las 6 a.m., está amaneciendo. Parece que viene lluvia, a ambos lados del barco se ven llegar dos mantas voladoras de color gris oscuro (el capitán dice que son chubascos), hay unos cuantos colas largas que han venido a refugiarse cerca de nuestro barco (a sotavento). Todo preparado para la lluvia, he cerrado las escotillas, he recogido la ropa, los cojines, me he puesto el chubasquero. Estoy un poco nerviosa. Esperamos a ver qué pasa.

Pues nada. Vemos cómo las dos mantas grises pasan por encima de nuestras cabezas como los títulos al final de una película (la de la guerra de las galaxias) y el día queda despejado. Los long tail se van. Nosotros también, rumbo a Krabi. Navegamos durante dos horas, echo el curri por si pescamos algo. Nada. Por el camino vemos algún pez saltarín. Llegamos a nuestro destino con un sol espléndido. Esto no es una isla, es el continente, un sitio llamado Laem Nang. Es famoso por alguna de sus playas, como la de Thum Phra Nang. La costa está flanqueada por un macizo de montañas (mis amigas las gigantes de vetas negras-rojas-blancas, con pelucas de selva) y entre ellas se extienden zonas de bosque repletas de palmeras y otras plantas, todo muy tupido. Verdes oscuros y claros, salpicado con flores rojas y naranjas. No cabe ni una sola planta más. Es sorprendente.

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© Carmen Hernández

Hay varios barcos fondeados y en las playas se ven grupos de turistas haciendo snorkel y remando. Hay bastantes chiringuitos de paja. Parece divertido. A lo mejor cenamos en la playa. Salimos con el dinghy, el sol abrasa. Damos la vuelta a unos islotes para llegar a la playa más alejada, las rocas son gigantes, el mar verde las baña y a base de lametones va esculpiendo en ellas formas diferentes, hace grutas por las que se puede pasar navegando entre moles de piedra. Otras tienen largos churretes como si fueran los de una vela derretida, parecen estalactitas.

Protegidas ya del agua nacen plantas, algunas en sitios inverosímiles, como si las hubieran plantado allí adrede, como una palmera enana en lo alto de un risco, allí solitaria. Vemos lianas colgando hacia el mar. A lo mejor aparece trazan... En una de las grutas vemos un pequeño pájaro, de alas azul turquesa y pecho blanco, está pescando (dice el capitán que es un martín pescador. Gracias), unos metros más allá hay dos garcitas grises.

Salimos de la playa y vamos bordeando la costa en la otra dirección, hacia las otras playas. Paramos para bañarnos. En el fondo hay corales y peces, y un cangrejo asociado con un pez (el pez listo, porque se come lo que el cangrejo saca al remover el fondo).

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© Carmen Hernández

A lo largo de la costa se extiende la selva, verde con tintes naranjas, la arena de la playa, las chozas-chiringuito, unos colas largas amarrados con niños jugando dentro. Llegamos al otro lado, donde está otra de las playas, más pequeña y cerrada entre rocas. En una de las rocas hay un gran entrante que protege del sol, hay cuerdas atadas que cuelgan de la roca. El capi me explica que son de los colas largas, ahí se amarran cuando quieren descansar y refugiarse del sol o de la lluvia. Menudo refugio.

Volvemos al barco. Empieza a soplar viento del oeste, el capitán dice que en esta estación no es lo normal, piensa que al ponerse el sol parará el viento, el mar se mueve, zarandea nuestro barco. Pensamos en fondear en una isla cercana pero al final decidimos quedarnos porque quiero hacer fotos al amanecer. Cae el sol, el viento no deja de soplar, el barco sigue con su vaivén, la noche promete. Después de cenar me duermo, el capi se queda fuera.

Continúa


 

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