Hoy ha amanecido un
día radiante, ponemos rumbo a Phang Nga Bay. Por el camino
vemos barcos de pescadores (long tail), están pescando gambas,
calamares y cangrejos. Son barcos alargados, de madera que huele
de modo especial. Llevan en la cola muchas cintas de colores.
Suelen ir dos pescadores, llevan sombreros picudos o gorros de
lana. Nos saludan. Se ven peces saltadores, algunos dan
10,11,12... hasta 17 saltos antes de sumergirse. Pasamos por
multitud de islas llenas de vegetación, algunas tan llenas que
parecen la copa de un gran árbol sumergido en el mar.
Después de 4 horas
navegando llegamos a la bahía de Phang Nga, está salpicada de
islas, desembocan aquí tres ríos, hay poco fondo y eso hace
que el agua tenga un color especial, verdoso. Con la luz del sol
parece una gran manta de esmeraldas, que contrasta con el color
de la vegetación verde-jungla salvaje y con las montañas de
roca caliza veteada, negro-rojo-blanco. Espectacular.
Aún no hemos
fondeado y llega un pescador joven, con bigote y un sombrerito
verde militar. Vende gambas. Tienen buen aspecto y son
grandecitas. Pide 400 bahts (unas 2000 pesetas), le ofrecemos
220. Quiere 250. No. Bueno, nos las deja por 220. El capitán me
apunta: en el mes del monzón del suroeste (la época húmeda,
de Mayo a Noviembre) el precio de salida habrían sido 220 y las
habríamos comprado por 100. Lástima.
Por fin decidimos el
lugar para fondear, un sitio rodeado de islotes, al abrigo del
mar y del viento, a 12 metros de profundidad. Son las 2 p.m.
Cogemos las cámaras de fotos y salimos a dar una vuelta con el
dinghy (lancha náutica auxiliar de a bordo). Nada más rodear
uno de los islotes aparece una gran laguna que está protegida
por varias rocas altas cubiertas de vegetación, las rocas
tienen muchos entrantes, forman cuevas.
Entramos en una
cueva, tenemos que remar para no rozar con la hélice del dinghy
en el fondo. A la entrada hay luz, vemos un lagarto que al
oírnos se sumerge en el agua, dice el capitán que era pequeño
(de unos 80 cm). Seguimos remando. Estará por aquí su papá?.
Ya no se ve bien, a la derecha se oye un ruido... sale su papá
y es enorme (yo no entiendo pero a mí me parece ¡enorme!, mide
unos 2 m). Se mete en el agua pero antes saca su lengua bífida
a modo de despedida. Salimos de la cueva.
Llegamos al barco.
Son la 5 p.m., lo digo porque a esa hora comienza a “cantar”
un pájaro al que llamamos el pájaro-ambulancia porque lo hace
igual (y de eso sí que entiendo), bueno pues no parará hasta
las 7 a.m. Ya empieza a atardecer, los colores se hacen más
fuertes aún, el mar está tranquilo, verde plata, verde
selva... verde-verde. Y el cielo muy azul. Y los pájaros (debe
haber cientos) no paran de cantar, ... aunque el más constante
es nuestro amigo el pájaro-ambulancia.
Pasan muchos long tail. Se van a
casa. Se ha hecho de noche. Estamos preparando la cena, las
gambas (a la plancha) y un buen vino ( de Rioja, para hacer algo
de patria ). Ya sólo falta, ah sí el cielo: está cuajado de
estrellas, yo sólo reconozco la Osa Mayor y Venus. Un día
perfecto. Mañana más.
Continúa