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Sumario

Introducción
Una fuga a tiempo es una victoria
Bandera pirata en lo alto del mástil
Prodigioso cambio de luces
Islotes de clorofila
Se está... ¡de bigotes!
Al abrigo de millones de peces
Un color para el recuerdo
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Tailandia
"Piensa en verde..."
Texto y fotos de Carmen Hernández
 
 Bandera pirata en lo alto del mástil
 
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© Carmen Hernández

Hoy ha amanecido un día radiante, ponemos rumbo a Phang Nga Bay. Por el camino vemos barcos de pescadores (long tail), están pescando gambas, calamares y cangrejos. Son barcos alargados, de madera que huele de modo especial. Llevan en la cola muchas cintas de colores. Suelen ir dos pescadores, llevan sombreros picudos o gorros de lana. Nos saludan. Se ven peces saltadores, algunos dan 10,11,12... hasta 17 saltos antes de sumergirse. Pasamos por multitud de islas llenas de vegetación, algunas tan llenas que parecen la copa de un gran árbol sumergido en el mar.

Después de 4 horas navegando llegamos a la bahía de Phang Nga, está salpicada de islas, desembocan aquí tres ríos, hay poco fondo y eso hace que el agua tenga un color especial, verdoso. Con la luz del sol parece una gran manta de esmeraldas, que contrasta con el color de la vegetación verde-jungla salvaje y con las montañas de roca caliza veteada, negro-rojo-blanco. Espectacular.

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© Carmen Hernández

Aún no hemos fondeado y llega un pescador joven, con bigote y un sombrerito verde militar. Vende gambas. Tienen buen aspecto y son grandecitas. Pide 400 bahts (unas 2000 pesetas), le ofrecemos 220. Quiere 250. No. Bueno, nos las deja por 220. El capitán me apunta: en el mes del monzón del suroeste (la época húmeda, de Mayo a Noviembre) el precio de salida habrían sido 220 y las habríamos comprado por 100. Lástima.

Por fin decidimos el lugar para fondear, un sitio rodeado de islotes, al abrigo del mar y del viento, a 12 metros de profundidad. Son las 2 p.m. Cogemos las cámaras de fotos y salimos a dar una vuelta con el dinghy (lancha náutica auxiliar de a bordo). Nada más rodear uno de los islotes aparece una gran laguna que está protegida por varias rocas altas cubiertas de vegetación, las rocas tienen muchos entrantes, forman cuevas.

Entramos en una cueva, tenemos que remar para no rozar con la hélice del dinghy en el fondo. A la entrada hay luz, vemos un lagarto que al oírnos se sumerge en el agua, dice el capitán que era pequeño (de unos 80 cm). Seguimos remando. Estará por aquí su papá?. Ya no se ve bien, a la derecha se oye un ruido... sale su papá y es enorme (yo no entiendo pero a mí me parece ¡enorme!, mide unos 2 m). Se mete en el agua pero antes saca su lengua bífida a modo de despedida. Salimos de la cueva.

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© Carmen Hernández

Llegamos al barco. Son la 5 p.m., lo digo porque a esa hora comienza a “cantar” un pájaro al que llamamos el pájaro-ambulancia porque lo hace igual (y de eso sí que entiendo), bueno pues no parará hasta las 7 a.m. Ya empieza a atardecer, los colores se hacen más fuertes aún, el mar está tranquilo, verde plata, verde selva... verde-verde. Y el cielo muy azul. Y los pájaros (debe haber cientos) no paran de cantar, ... aunque el más constante es nuestro amigo el pájaro-ambulancia.

Pasan muchos long tail. Se van a casa. Se ha hecho de noche. Estamos preparando la cena, las gambas (a la plancha) y un buen vino ( de Rioja, para hacer algo de patria ). Ya sólo falta, ah sí el cielo: está cuajado de estrellas, yo sólo reconozco la Osa Mayor y Venus. Un día perfecto. Mañana más.

Continúa


 

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