En
Madrid llovía y hacía frío. Llevábamos meses con el cielo a
punto de aplastarnos, así que la idea de escaparse diez días
al otro lado del mundo sonaba bien, pero que muy bien. Tailandia…
su gente, sus aldeas, sus mercados y sobre todo sus caminos de
agua, prometían momentos diferentes y mil recuerdos llegado el
momento del cruel reencuentro con el, en ocasiones, triste
invierno europeo…