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Ya a principios de
siglo, los sherpas eran contratados por las expediciones de
exploración que llegaban a su territorio con fines científicos o
buscando el "punto flaco" para alcanzar el "techo del
planeta". Desde entonces el pueblo sherpa se ha vinculado
progresivamente al continuo flujo de alpinistas y de viajeros que
recorren la zona. De hecho el término sherpa, que significa Pueblo
del Oriente, ha derivado en lo que hoy popularmente conocemos como
guías o porteadores de altura. Valorados por su carácter y por su
capacidad de resistencia, ellos han sido los que han abierto la puerta
de los lugares más inaccesibles del Himalaya.
Así lo recuerdan
las estadisticas, prácticamente la mitad de las personas que han
conseguido cumbrear el Everest y las que en igual proporción se
quedaron en el intento, son de cuna sherpa. Y es que al igual que en
tantas otras zonas remotas o de difícil acceso, han sido generalmente
los pobladores locales (pastores, arrieros, etc.) adaptados y
conocedores del medio, los que han encabezado, cargado y cocinado en
las acaudaladas expediciones que acudían en busca de estudio o de
conquista. Recordemos la histórica escalada al Naranjo de Bulnes
(Picos de Europa - Asturias) por Gregorio Pérez "el
Cainejo" (un pastor de Caín) junto a Pedro Pidal (marqués de
Villaviciosa) o, por supuesto, la mítica ascensión al Everest por el
sherpa Tenzing Norgay junto al neozelandés Edmund Hillary.
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Actualmente, el
pueblo Sherpa, al igual que los habitantes de las regiones montañosas
más visitadas, vive casi por completo de las divisas extranjeras.
Porteadores, cocineros, guías, lodges, etc., todos reciben su parte.
El paso de los turistas de las alturas genera mucha más riqueza que
el cultivo de los campos o el comercio con otros valles, pero también
genera basura y deterioro ambiental. En unos pocos años la vida en
estos valles ha cambiado tanto (a veces traumáticamente) que ni ellos
mismos pronostican cuales serán sus consecuencias y lamentan que el
pasado, a pesar su austeridad, se haya olvidado tan rápidamente.
Reservado, sereno
y diligente, Lhakpa posee la expresión de la adaptación humana a un
entorno tan severo para el visitante como son las montañas del
Himalaya. Gracias a esa necesaria fusión a conseguido dar trabajo a
toda su familia, pero nos recuerda que "el dinero rápido borra
las viejas costumbres y tienes que competir con tus amigos aunque no
quieras". Orgulloso de su lodge y de haber pisado lo más alto,
Lhakpa es optimista y confía en que la simbiosis sherpa-turista
seguirá siendo lo mejor para lo suyos, por supuesto siempre al amparo
y con el consentimiento de las montañas.
Continua...
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