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En una de las
columnas del acogedor salón-comedor cuelga, casi inadvertida, una
fotografía de aspecto añejo, en la que dos hombres se arrebujan para
entrar en el encuadre. Están abrigados hasta las cejas y con sendas
máscaras de oxígeno de aspecto biónico, no es para menos, la foto
está tomada en un lugar prohibido a la vida… Manuscrita sobre la
imagen "congelada" una leyenda dice: Cima del Everest, 14
de mayo de 1983; y la firma Lhakpa Dorjee Sherpa junto a otra
pequeña fotografía en la que posa sonriente, ya de vuelta al reino
de los vivos.
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Estamos en el
lodge (albergue) de Lhakpa, el hombre de la foto, que actualmente
regenta el "Namaste Lodge" con la ayuda de su mujer, sus
hijos y sus padres. "Namaste", es el saludo tradicional
nepalí del encuentro, de la despedida y del respeto. Definición de
hospitalidad que Lhakpa ofrece con esmero a los huéspedes de su
modesto albergue. Éste, está ubicado en el pueblecito de Phortse (no
más de 70 casas), justo en la divisoria de dos de los valles más
bellos de la tierra, los que conducen tras varios días de caminata a
las montañas más altas del planeta. Para hacernos una idea, Phortse
está a un día de autobús más otros diez días andando desde
kathmandú (capital de Nepal) o, si eres turista, a tres días,
también caminando, desde el aeródromo de montaña de Lukla.
Así se miden las
distancias que aíslan a muchos pueblos de Nepal. Un país asentado en
mitad de la cordillera del Himalaya, en donde el único medio posible
de desplazamiento entre esas poblaciones son los propios pies, pues
las carreteras son algo que simplemente no existe. Por eso, todo lo
necesario, absolutamente todo, tiene que ser acarreado a cuestas por
los paisanos en cestas de bambú o a lomos de renqueantes yaks
(bóvidos crecidos en las alturas).
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Los rasgos
mongoles de Lhakpa delatan que pertenece al pueblo Sherpa, uno de los
35 grupos étnicos que hay esparcidos por Nepal. Originarios del
Tíbet, los sherpas se instalaron en estos valles hace tanto tiempo
que han gestado sus propias tradiciones y cultura. Viven integrados en
una de las regiones más inhóspitas que un occidental pueda
imaginarse. Son hombres y mujeres duros, muy duros, su vida se basa en
el respeto a los campos, a las piedras y a las aguas; y cuando suben a
las alturas piden permiso a los dioses que las habitan. Así se lo
enseñaron sus padres y así se lo transmiten a sus hijos.
Continua... > |