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El
relieve y el clima hacen que Sanabria sea un lugar único. La
zona constituye el límite entre el clima atlántico y el
mediterráneo, lo que le da una diversidad biológica especial.
La humedad que abunda durante todo el año ha permitido el
desarrollo de grandes masas boscosas que han sobrevivido a la
acción humana y del fuego durante miles de años. Allí abundan
el roble principalmente, pero también los tejos, enebros,
servales, abedules, castaños y pinos, éstos últimos gracias a
las repoblaciones de algunas zonas de las sierras sanabresas.
Los habitantes del lugar nos podrán indicar lugares
maravillosos donde encontrar ejemplares de castaños centenarios
como los del Santuario de la Virgen de La Alcobilla, cerca de
San Justo, y probar sus famosos frutos en los de Calabor, o
descubrir también el misterioso bosque de tejos milenarios
junto a Requejo.

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También
albergan estas sierras, desde comienzos del otoño, una gran
variedad de setas muy apreciadas culinariamente, como distintas
variedades del boleto, la lepiota procera -aquí llamada "cucurril"-,
la rúsula, la tricoloma equestre o el champiñón silvestre, la
famosa "Bola de Nieve".
Una
vegetación tan variada junto con el abrupto relieve de Sanabria
han proporcionado un hábitat ideal para gran cantidad de
animales salvajes. En las sierras de la Cabrera y Segundera
viven corzos, jabalíes, martas, águilas reales, halcones y
otras rapaces, víboras y hasta 190 especies de vertebrados. No
es difícil encontrarse por la noche en medio de las carreteras
comarcales un ciervo o un corzo, por lo que aconsejamos una
máxima atención en la conducción. La Sierra de la Culebra, al
sur de la región y lindando con Portugal, supone además uno de
los últimos refugios del lobo ibérico. Los ríos de Sanabria,
encabezados por el Tera, aún llevan aguas lo suficientemente
frías y puras para dar vida a la trucha común, muy apreciada
en la zona.
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