|
Lo nuevo y
lo viejo, lo tradicional y lo innovador, todo tiene cabida en la
ciudad en que las bicicletas a pedal y los trasatlánticos de
última generación se dan la mano. Si algo diferencia a
Rótterdam es su ubicación del arte: cualquier esquina,
cualquier parque, cualquier fachada de un macro edificio de
cristal es buen soporte para proyectar arte.
Delfshaven
representa la tradición, lo antiguo, lo conservado, la luz, la
claridad a pesar de la guerra. Delfshaven es un pequeño puerto
rodeado de encantadoras casas y algunos molinos del siglo XVII.
Ésta zona de Rótterdam fue una de las pocas que sobrevivieron
a los ataques de la guerra. Sus calles y aguas alojan
concertistas y actores. Las fachadas y los barcos evocan un
pueblecito elegante, pero sencillo, que limita con la trepidante
Rótterdam. Delfshaven es arte.
Desde aquí,
unas paradas de tranvía nos alejan del centro de la ciudad, y
allí, de nuevo, se hermanan los extremos. El tradicional mercado
al aire libre o la “Casa Blanca” (el primer rascacielos
europeo que data de 1898) comparten vecindad con la Estación de
trenes de Blaak, tan futurista como las Casas Cubo del
arquitecto Piet Blom: rompedoras, sorprendentes. Nuevamente el
arte convertido en algo cotidiano.
Continúa
|