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Rótterdam
resurgió de la nada, tras los bombardeos de la II Guerra
Mundial, su puerto corrió la misma suerte. Hoy, apenas 50 años
después, puerto y ciudad se erigen como centro mundial de
negocio, transporte e industria.
El puerto de
Rótterdam, con más de cuarenta kilómetros de longitud, se ha
convertido en el mayor puerto del Mundo, con una actividad
trepidante durante las 24 horas del día. Los buques penetran
por esta puerta a Europa desde el Mar del Norte, adentrándose
en el continente a través de los Ríos Mosa y Rhin.
Las punteras
infraestructuras portuarias y la incesante actividad del puerto
de Rótterdam no hacen, sin embargo, de su ciudad una zona
eminentemente pesquera o con una vida orientada al Mar.
Los
petroleros y las galerías de arte, los museos y los muelles de
carga tienen espacios bien definidos que en ocasiones pasan a
compartir. No es extraña una representación musical sobre
barcazas habilitadas para el evento o que la fuente de
inspiración de más de un pintor, proceda de aguas y aires
marinos.
Las últimas
tendencias turísticas explotan el llamado “turismo industrial”,
en el que se muestra, con un enfoque didáctico, y algunas dosis
de orgullo, el puerto y su área industrial. Rótterdam ha
crecido junto a su puerto y a la vez que este, pero no plegada a
él. La red de puentes levadizos y túneles subterráneos, como
el Maastunnel, sortean todo intento del agua por ganar terreno a
la ciudad.
Continúa
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