No es raro que una
ciudad capaz de aunar más de ciento cincuenta nacionalidades
bajo un mismo cielo, ostente el título de Capital Cultural
Europea 2001. Que, además, Rótterdam cuente con el legado del
humanista y pensador Desiderio Erasmus, no hace sino aumentar
esa idoneidad.
Pero es el talante innovador del
pueblo holandés en general y de los artistas holandeses en
particular el capaz de integrar cualquier manifestación
artística en lo cotidiano. La joven y dinámica Rotterdam, de
amplias avenidas y de edificios inteligentes elevados a la
categoría de monumento, es indudablemente merecedora de la
titularidad Cultural del 2001.