Una vez más la
montaña ha permitido el paso del artilugio mecánico y el
fogonero, en acto de gratitud, hace bufar al silbato hasta la
afonía a su llegada a Chanchán. Ya por una vertiente más
relajada pronto se alcanza Huigra, antiguo Centro de Operaciones
Ferroviario, que alberga en su cementerio el tributo a la odisea
ferroviaria. Hostigados por las lluvias, las fiebres y la
dinamita fueron cientos los trabajadores que dejaron su vida en
esta lucha cuerpo a cuerpo en busca de las alturas andinas, con
unos medios que hoy achantarían a cualquier ingeniero.
Una estrecha y
serpenteante garganta labrada a capricho por el río Chanchán,
estruja y traga nuestro rodar por la tétrica negrura de varios
túneles, en los que resuenan los propios latidos. Elegantes
candelabros embutidos en cuerpo de cactus salpican las orillas;
volvemos al calor y al color; surgen las flores y las huertas.
La máquina ya no jadea y a los viajeros les cambia el
semblante. El guía del desfiladero, nuestro maquinista,
definitivamente nos ha sacado sin contratiempo del territorio
del "diablo".
 |
 |
Mis ya casi amigos,
Carlos y Rodrigo, una vez más vuelven a "picar", pero
esta vez por los abarrotados "tejados" pues el cupo de
asientos en el interior esta completo. Con un alarde de
equilibrio que roza el más difícil todavía, estos dos hombres
saltan sobre la marcha de vagón a vagón. Boleto en mano, sus
gorras ni se inmutan mientras capean el contoneo de curvas y las
arritmias del constante traqueteo. Y tras ellos, un desfile de
jóvenes mercaderes ofreciendo, cesta en ristre, entretenidas
delicias para saborear todavía más este viaje, en el que el
destino final tan solo es ya pretexto.
 |
 |
Gran parte del pasaje
se apea en la bulliciosa Bucay, famosa por su fuerte
aguardiente, al que jocosamente denominan "J.B."
-Juerte Bucay- y con el que se elabora el delicioso canelazo
serrano a base de infusión de canela, limón y azúcar que,
como por aquí dicen, "tumba a un mulo y levanta a un
muerto". En las afueras, acorraladas por una lujuriosa
vegetación, paisanos mimando sus huertas de bananos, caña y
tabaco saludan, siempre saludan, el lento rodar de la serpiente.
Continua... >