"Por
cierto", me dicen, "estamos llegando al tramo más
interesante, yo le aconsejaría que se subiera al techo para no
perderse la función". "¿Al techo?"... Dicho y
hecho, llegados a Alausi, por la escalerilla lateral me
"acomodo" en el tejado donde el paisaje, sin duda, va
a ser todo ventanilla. Un prolongado aviso de silbato convierte
a los andenes de este pequeño puerto interior en un torbellino
de va y viene de mercancías, paisanos y animales. Los últimos
en tomar asiento son unos ilustres chanchos serranos que, muy a
su pesar, serán parte de trueque en los mercados de la costa.
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Al amparo del
rasurado cielo ecuatoriano, la techumbre es el mejor de los
palcos para asistir al fantástico precipicio que se avecina. El
desnivel ya es considerable y las curvas intentan engañarle por
el lugar más asequible. Las zapatas de freno muerden rabiosas
las llantas y el olor a hierro quemado es tan intenso que llega
hasta la nuca. Sube la tensión... los operarios se comunican
con gritos y gestos en cada viraje para retener a una sola voz
vagones y locomotora desde los timones de frenado.
La suerte está
echada. Como si de una maqueta se tratase, el tren es engullido
por los labios de una perfilada quebrada que desemboca en un
abierto y árido tobogán rocoso. La máquina asoma los bigotes
y se da un respiro… Estamos en los bordes de la famosa
"Nariz del Diablo" de la que tanto me habló el Doctor
Villarroel. Su presencia es palpable y el aliento se entrecorta.
La expectación en el pasaje es total.
Como si de un
bisturí se tratase, la valiente locomotora comienza a
escurrirse en oblicuo por el desfiladero a lo largo de un
prolongado zigzag, alternándose marcha atrás y marcha adelante
sobre este monumento alpino a la cirugía ferroviaria. Los más
supersticiosos dicen que una vez la máquina se lanza al vacío,
el destino pertenece al diablo. La garganta se seca, no hay red
ni barandilla. Cruzo los dedos, pero el maquinista gobierna con
talento y el acrobático descenso anima a disfrutar de la
sensación de vértigo, que zeta tras zeta provoca este
espeluznante balcón natural.
Continua... >