Pero no sería
inteligente despedirnos de Guatemala sin adentrarnos en los
orígenes de una misteriosa civilización que no deja de
provocar admiración entre sus estudiosos. Los hombres que
habitaron este territorio en la antigüedad hablaban con los
dioses, construyeron pirámides para venerar al cielo,
descifraron el lenguajes de las estrellas y consiguieron medir
el tiempo. Hace 3.000 años que los mayas u hombres-estrella
comenzaron a dejar su legado grabado en piedra, jade y barro.
Ingenieros, arquitectos y artistas modelaron ciudades en mitad
de la selva donde vivieron en perfecta armonía con el medio
natural. El máximo exponente de esta avanzada civilización que
abrazó el firmamento es la ciudad de Tikal. Incrustada en la
selva de Peten, sus pirámides escalonadas se esconden tras las
brumas y una vegetación de cuento de hadas que acorrala toda la
ciudadela.

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A través del río
Ususmacinta -el más largo de centroamérica, hoy frontera
natural con México - navegaron los antiguos mayas para
conseguir una red de abastos con las costas del golfo. Al igual
que entonces, hoy se nos brinda la posibilidad de rememorar sus
pasos también navegando por el río que unió la selva con el
océano, e ir al encuentro de sitios arqueológicos diseminados
a ambos lados de la frontera. Decenas de palacios y templos
junto a estelas y monolitos levantados en las orillas del caribe
y en las del Atlántico, son el alma, la carne y la sangre de
aquella civilización que guarda celosa el enigma de su
florecimiento y, lo que es más desconcertante, el de su
repentina desaparición 500 años antes de que los españoles
pisaran tierra americana.

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Por cierto en las
playas del caribe se asientan pueblos pescadores descendientes
de antiguos esclavos africanos que dan a esta zona el ritmo y el
sabor del Africa más intensa. Livingston, situado en la
desembocadura del río dulce y por extensión del lago Izabal,
es el más representativo y un buen punto de partida para
alcanzar en lancha las playas más bellas del país. Desde la
selva pasando por el altiplano hasta llegar a las costas, la
cultura maya se extendió por todo el territorio hoy ocupado por
Guatemala. Lugares envueltos en la magia de una tierra mística,
hogar de quetzales, de jaguares, de monos aulladores, de tapires
y de tucanes, en la que se sube a lo más alto para hablar con
el alma de los seres, de las cosas y de los fenómenos
naturales, y en la que la palabra hospitalidad todavía tiene
significado. Sin duda este apasionado viaje por las alturas y la
identidad de Guatemala no dejará al visitante indiferente. El
país maya por excelencia, el que vio sufrir y luchar a la
premio Novel de la Paz Rigoberta Menchú - la nieta de los mayas
- , es un pequeño universo de dispares atractivos que bien
merecen la pena ser vividos a vista de quetzal.