Fue en enero de 1524
cuando Pedro de Alvarado por orden de Hernán Cortés emprende
la invasión del territorio, dilatándose la ocupación
española hasta 1821 en que Guatemala logra su independencia.
"La muy noble y muy leal Ciudad de Santiago de los
Caballeros de Guatemala", hoy Antigua Guatemala - próxima
a la actual capital - fue en sus inicios capital del reino e
importante centro administrativo del Nuevo Mundo, hasta que en
1773 un violento terremoto la resquebrajó y tuvo que ser
abandonada pocos años después. Esto ha permitido que un paseo
en nuestros días por sus calles empedradas y plazas ceñidas
por iglesias, conventos y palacios de la época, consiga
retrasar el reloj de la historia y nos traslade en un abrir y
cerrar de ojos a varios siglos atrás de distancia.

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Motivo por el que ha
sido declarada patrimonio cultural de la humanidad. Como nuestra
viviente de aquellos años de evangelización en los que se
impusieron nuevas creencias, Antigua, cada Semana Santa se
desborda en celebraciones con un fervor comparable al de la
propia Andalucía. Calles engalanadas y trayectos cubiertos de
mullidas alfombras de flores esperan el paso penitente de
cientos de costaleros que cargan solemnes imágenes coloniales.
Desde cualquiera de las esquinas de Antigua puede dibujarse con
dos trazos el altivo guardián de la ciudad que con sus 3.766 m.
configuran el perfil del volcán de Agua. Desde el mirador de la
Cruz se consigue una excelente panorámica de la triangular
silueta volcánica emergiendo de los tejados de la ciudad. Pero
sin duda las mejores vistas se atrapan tras alcanzar, caminando,
los bordes del pequeño cráter cimero al que se asciende sin
dificultad. Cuentan las viejas crónicas que una noche de 1.541
del cráter se desbordó una terrible correntía que inundó
toda la ciudad, debido a la cual se le dio este nombre.

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Cerca de Antigua,
desde el pueblecito de La Soledad, se pueden atacar las rampas
de uno de los volcanes más atractivos del país. Los 3.976 m.
del Acatenango se consiguen tras una larga caminata a través de
empinadas laderas boscosas y escurridizas morrenas de arena
suelta. Desde su antecima puede observase un descomunal boquete
- cráter descolgado - por cuyo perfil alcanzaremos la cima.
Esta cima, que en algunas ocasiones se cubre de nieve es el
mejor de los observatorios sobre la cadena volcánica que
atraviesa paralela al Océano Pacífico toda la región, incluso
es posible si la atmósfera está nítida divisar el propio
Océano.

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El volcán de Fuego
es su hermano gemelo y puede cumbrearse a continuación del
Acatenango si seguimos por el amplio collado conocido como
" La Horqueta " que separa ambos volcanes. Como puede
observarse desde la cumbre de su hermano parejo, el volcán de
Fuego está en continua actividad y compone una estampa de
ambiente severo. Bocanadas de humo que se desmenuzan con la
brisa y lluvia de cenizas que en ocasiones el viento ha llevado
hasta Honduras y el Salvador. Resulta desconcertante escuchar
los rugidos que se generan en su interior mientras se camina
entre cortinas de vapor y un fuerte olor a azufre.