Pero no tengamos
envidia de la perspectiva que alcanza la vista del pájaro de la
libertad porque con un poco de esfuerzo y tesón, nosotros sin
necesidad de volar, podemos alcanzar las mejores atalayas de
observación que nos obsequiarán las mismas sensaciones de las
que gozan los afortunados ojos del esquivo quetzal. Alturas de
hasta 4.220 m. son magníficos observatorios desde los que el
viajero puede apreciar la magnitud de espacios naturales no
acotados y apasionarse en la superación personal que supone
alcanzar las cumbres más bellas y altas de Centroamérica. Son
los perfiles de la cordillera central que configuran
longitudinalmente el espinazo del continente americano, y
atraviesan el suelo guatemalteco de oeste a este bifurcándose
en su interior y atrapando en su parte occidental a la región
del altiplano.

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Si llegamos al país
por vía aérea y la luz acompaña, la propia ventanilla del
avión será el aperitivo de lo que allí abajo nos aguarda; una
comitiva de centinelas inertes, perfectos conos entronados que
rompen por encima de las nubes, así como tremendas fumarolas
que se fugan de un dominante verde selvático, saturado de lagos
y ríos que cortan el cuero guatemalteco. Esta tierra que
emergió de los océanos hace tres millones de años es el
puente terrestre que anudó los dos continentes americanos,
debido a lo cual goza de una singular biodiversidad natural en
la que no falta flora y fauna de ambos extremos, y donde
todavía puede verse el aleteo del orgulloso quetzal.

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Guatemala forma parte
del cinturón de fuego del pacífico y geológicamente es una
zona muy activa. Treinta y siete volcanes, miradores certeros
sobre los 360 grados de infinita panorámica natural, despuntan
de un suelo tapizado de cuencas fluviales, selvas, montañas y
playas. De estos los más interesantes para su ascensión están
situados a poniente, si bien al oriente volcanes de menor
altitud - como el Ipala - también prometen inolvidables
emociones. Son volcanes de temperamento, palpitan, jadean y
algunos de ellos lanzan zarpazos de fuego. Su memoria está
irremediablemente unida al pasado de esta tierra y al presente
de sus moradores.

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Para los antiguos y
actuales mayas sus cumbres son lugares mágicos de íntima
comunicación, pues según dicen "cuanto más alto más
cerca se esta de los dioses". Hasta estas alturas suben
para hacer sus ofrendas y peticiones por medio de improvisados
altares. Fogatas purificadoras, velas, murmurados rezos en
lengua maya en ocasiones acompañados de bailes y trances, junto
al tableteo de tracas pirotécnicas componen parte de la
liturgia en estos oratorios de altura mayas. Tal es el respeto
que les merecen estos colosos volcánicos que los campesinos
piden permiso para entrar en la montaña y dan las gracias al
salir de ella como forma de relación animista con el medio.