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Sumario

Introducción
Puebla, Galería de Artes y Oficios
Fuego de Altura y Fogones de Bajura
Donde los Hombres se hacen Dioses
Firmamentos Hundidos
El Hacedor de Lluvia
Sueños de Fuego y Oro
¿Sueño o realidad?
Guía Práctica
Los Volcanes
Recorridos
   
Mapa de Situación
 

 

Otros Reportajes

Puebla 
por todo lo alto
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez.
 
 ¿Sueño o realidad?
 
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© Victoria Sánchez

¡Arriba Miguel que nos hemos quedado dormidos! ¡Vamos que es tardísimo!… Mis buenos compañeros de litera me despiertan a empujones, con un foco de linterna sobre los ojos y con acordes de bolero y de marimba todavía de fondo. ¿Estaré en este mundo?... ¡Siempre nos pasa lo mismo, o llegamos antes de lo debido o nos quedamos dormidos!, oigo refunfuñar... En fin, salimos del refugio tan rápidamente que no sé si tenemos que subir o que bajar...

La luz de una luna a reventar nos guía a través de escurridizas pedreras y largos contrafuertes rocosos. Pocas veces he visto un cielo tan rasurado y cargado de estrellas como el que esta noche nos arropa. Vamos dejando atrás lugares tan significativos como "el arrepentimiento" y "el púlpito" hasta que finalmente enfilamos por la helada lengua que lame los dentados bordes del gigantesco cráter, en los que se aloja el punto más cercano al sol del suelo mexicano. Bajo esta cumbre la perspectiva se desvanece en la espeluznante negrura de un profundo agujero sin fondo, cortado a cuchillo por escarpados espolones y tajos rocosos.

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© Victoria Sánchez

Afortunadamente, hemos llegado a tiempo a la cita, a pesar de la traicionera "cabezadita", tenemos la suerte de cumbrear justo en el momento que está amaneciendo y somos atónitos espectadores de un efecto óptico sorprendente. Vemos como la gran bola de fuego emerge y se refleja sobre las aguas del gran océano. Un espectáculo difícilmente asimilable al tener frente a nosotros dos soles gemelos. Entre tanto, a poniente, los primeros rayos incendian las figuras del Popo, Ixta y la Malinche que escapan por encima de un sedoso mar de nubes. Todo un espectáculo multicolor de luces y sombras que, sin duda, guardaremos para siempre en la memoria.

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© Victoria Sánchez

De regreso a Chalchicomula, celebramos este completo inolvidable paseo por el Estado de Puebla y por los "techos mexicanos" brindando, sin tregua, con unos buenos "tragos" de Pulque. Este blanco fermento extraído del corazón del Maguey nos hizo sentir también un poco dioses, en estas tierras en las que los colosos volcánicos son tan grandes como el más pequeño corazón de sus gentes. Entre pulque y pulque alguien me comentó... Por cierto, anoche murmurabas en sueños no se qué de "La María", de "Chiles bien picosos", de "Dioses enamorados" y de "Escurridizos volcanes"… Por supuesto, alegué no recordar nada al respecto y tarareando el bolero con el que anoche entrábamos en calor, nos despedimos, como Quetzacoatl, también camino del mar de los afilados colmillos de blanco marfil que alojan las fauces del golfo de México.

Ya de regreso a casa, comprendí que las tierras de Puebla nos habían regalado un sueño hecho realidad. O quizá, una realidad hecha sueño en el que tuvimos el privilegio de sentimos pasajeros en el tiempo a un pasado troquelado por el hombre, y a la vez experimentar la divinidad de la naturaleza más radical. Nunca dioses y hombres tuvieron tanto que enseñarse.
Continúa


 

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