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Sumario

Introducción
Puebla, Galería de Artes y Oficios
Fuego de Altura y Fogones de Bajura
Donde los Hombres se hacen Dioses
Firmamentos Hundidos
El Hacedor de Lluvia
Sueños de Fuego y Oro
¿Sueño o realidad?
Guía Práctica
Los Volcanes
Recorridos
   
Mapa de Situación
 

 

Otros Reportajes

Puebla 
por todo lo alto
Por Miguel Caselles. Fotos de Victoria Sánchez.
 
 Donde los Hombres se hacen Dioses
 
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© Victoria Sánchez

Tras el suculento paseo por los sabores y colores de la ciudad, continuamos con nuestro particular paseo de aclimatación por los "tejados" mexicanos y salimos en busca de unas de las formaciones volcánicas más singulares de México. El Xinantecatl o "Señor desnudo", más conocido como Nevado Toluca. Esta localizado en la pintoresca ciudad de Toluca y es el único volcán en el mundo de esta altitud a cuyo cráter se puede acceder en vehículo. Una pista de tierra serpentea la montaña a través de espesos bosques de pino y una gran morrena de escoria volcánica que desemboca en un gigantesco cráter a 4.200 metros de altitud.

En mitad de este enorme boquete, un gran tapón de magma petrificado ha configurado dos semicrateres inundados por la Laguna del Sol y la de la Luna. Sobre los perfilados y quebrados labios de este descomunal cráter resaltan el Pico del Águila y el Pico del Fraile, de 4.690 metros, máxima altura del Nevado que fuimos alcanzando tras superar una pendiente escombrera de bloques rocosos. Desde aquí arriba las vistas fueron gratamente agradecidas sobre los picachos colindantes, bosques y especialmente sobre los reflejos de las lagunas que como un espejismo surgían del árido socavón.

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© Victoria Sánchez

Antes de regresar a nuestro campo base poblano, aprovechamos para visitar la zona arqueológica más importante del altiplano mexicano en las misteriosas ruinas de Teotihucan. Cuando se pasea por esta geométrica ciudadela, de la que despuntan las escalonadas estructuras de la Pirámide del Sol y de la Luna, separadas por la larga Avenida de los Muertos, se respira un magnetismo especial. Quizá el mismo magnetismo que sintieron los aztecas al dar este nombre a los restos que encontraron de la ciudad y que significa "el lugar donde los hombres se hacen dioses". Esa sensación nos fue fácilmente perceptible cuando nos encontramos frente a los ojos del dios Quezalcoalt, labrado en piedra en forma de serpiente emplumada, o cuando desde lo alto de las pirámides, tras recuperar el resuello de los cientos de escalones, desvelamos el asombroso trazado de la ciudadela.

Tengo que pensar para quien será la figurita de obsidiana -roca volcánica- hábilmente trabajada que le compré a un simpático lugareño, tras un apretado "tira y afloja", y que se zanjó en un apretón de manos seguido de un par de "caballitos" de tequila que guardaba en una pequeña petaca, y que como comentó, siempre estaba... "dispuesta para las buenas ocasiones".
Continúa


 

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