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Tras el
suculento paseo por los sabores y colores de la ciudad,
continuamos con nuestro particular paseo de aclimatación por
los "tejados" mexicanos y salimos en busca de unas de
las formaciones volcánicas más singulares de México. El
Xinantecatl o "Señor desnudo", más conocido como
Nevado Toluca. Esta localizado en la pintoresca ciudad de Toluca
y es el único volcán en el mundo de esta altitud a cuyo
cráter se puede acceder en vehículo. Una pista de tierra
serpentea la montaña a través de espesos bosques de pino y una
gran morrena de escoria volcánica que desemboca en un
gigantesco cráter a 4.200 metros de altitud.
En mitad de
este enorme boquete, un gran tapón de magma petrificado ha
configurado dos semicrateres inundados por la Laguna del Sol y
la de la Luna. Sobre los perfilados y quebrados labios de este
descomunal cráter resaltan el Pico del Águila y el Pico del
Fraile, de 4.690 metros, máxima altura del Nevado que fuimos
alcanzando tras superar una pendiente escombrera de bloques
rocosos. Desde aquí arriba las vistas fueron gratamente
agradecidas sobre los picachos colindantes, bosques y
especialmente sobre los reflejos de las lagunas que como un
espejismo surgían del árido socavón.

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Antes de
regresar a nuestro campo base poblano, aprovechamos para visitar
la zona arqueológica más importante del altiplano mexicano en
las misteriosas ruinas de Teotihucan. Cuando se pasea por esta
geométrica ciudadela, de la que despuntan las escalonadas
estructuras de la Pirámide del Sol y de la Luna, separadas por
la larga Avenida de los Muertos, se respira un magnetismo
especial. Quizá el mismo magnetismo que sintieron los aztecas
al dar este nombre a los restos que encontraron de la ciudad y
que significa "el lugar donde los hombres se hacen
dioses". Esa sensación nos fue fácilmente perceptible
cuando nos encontramos frente a los ojos del dios Quezalcoalt,
labrado en piedra en forma de serpiente emplumada, o cuando
desde lo alto de las pirámides, tras recuperar el resuello de
los cientos de escalones, desvelamos el asombroso trazado de la
ciudadela.
Tengo que
pensar para quien será la figurita de obsidiana -roca
volcánica- hábilmente trabajada que le compré a un simpático
lugareño, tras un apretado "tira y afloja", y que se
zanjó en un apretón de manos seguido de un par de
"caballitos" de tequila que guardaba en una pequeña
petaca, y que como comentó, siempre estaba... "dispuesta
para las buenas ocasiones".
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