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Sumario

Introducción
La Pasión Revivida
Porto 2001: Un acontecimiento que levantó piedras
El vino, de orilla a orilla
Un paseo por los jardines del arte: Serralves
Oporto-Aveiro: Viaje en el tren del tiempo
Aveiro: Canales de Arte Nuevo
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Oporto:
Donde el contraste se hizo belleza
Texto y fotos: Henrique García Facuriella
 
 El vino, de orilla a orilla
 
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Vila Nova de Gaia desde la Ribeira - © Henrique García Facuriella

Si decíamos que el agua del Duero es la fuente de la que surge la ciudad, el vino de Oporto es su verdadera sangre. Cada año, miles de litros de vino joven bajan desde la Região Demarcada do Douro -la primera Denominación de Origen de la historia-, donde se cultiva, hasta las bodegas de Vila Nova de Gaia, el corazón del Oporto. Resulta curioso que la ciudad que da nombre al vino no sea ni su lugar de nacimiento ni de su maduración, sino de su proyección a través de las arterias comerciales.

Es necesario cruzar el río, atravesar las aguas hacia el sur y abandonar la Ribeira portuense para contemplar el descanso entre madera del vino de Oporto. Antes de entrar en las bodegas, o caves, la vista cruza de nuevo el río y mira la Ribeira desde la otra parte. La ciudad aparece, entonces, camuflada entre los barcos rabelos: aquellas embarcaciones que servían para trasladar el vino desde las tierras de cultivo hasta las bodegas y que hoy sólo son rastros decorativos de un recuerdo.

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Barco Rabelo. Al fondo, el puente de la Arrábida - © Henrique García Facuriella

Dentro, se aprecian rápidamente los cambios en la luz y la temperatura, más bajas que en el exterior. Entre las barricas -donde el vino duerme su particular sueño-, las guías explican a los turistas de forma detallada las características de los distintos tipos de vino de Oporto: blanco, ruby y tawny.

Cada casa productora posee su propia historia, pero en todas ellas Gran Bretaña juega un papel fundamental. Se dice que fueron los ingleses quienes descubrieron la forma de hacer el vino de Oporto, mediante el añadido de aguardiente vínico al mosto para interrumpir su fermentación. Esto es lo que le da al Oporto su sabor, que lo hace vino de aperitivo o sobremesa. Probado junto con queso y nueces -a la manera inglesa- o pasteles de chocolate, el Oporto conduce la mente por medio del paladar a la época en la que sólo algunos privilegiados podían beberlo.

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Caves (Bodegas) del Vino de Oporto - © Henrique García Facuriella

De esta época quedan en la ciudad abundantes edificios, todos ellos herederos del neopalacianismo inglés del siglo XVIII. Ejemplos de ello son la Alfândega Nova (Aduana Nueva), la Factoria Inglesa -lugar de reunión de los hombres de negocios ingleses que residían en Oporto- o la iglesia de los Terceiros de São Francisco -el primer templo neoclásico de la ciudad-. Es en ese momento, precisamente, cuando comienza el cosmopolitismo contemporáneo de Oporto y la falta de miedo con la que los portuenses encaran el futuro y los nuevos retos. Al salir a la calle después de haber tomado dos copas de vino, el mundo adquiere una tonalidad ámbar y un regusto dulce a la vez que intenso.

Continúa


 

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