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Sumario

Introducción
La Pasión Revivida
Porto 2001: Un acontecimiento que levantó piedras
El vino, de orilla a orilla
Un paseo por los jardines del arte: Serralves
Oporto-Aveiro: Viaje en el tren del tiempo
Aveiro: Canales de Arte Nuevo
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Oporto:
Donde el contraste se hizo belleza
Texto y fotos: Henrique García Facuriella
 
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Puente de D. Luis I - © Henrique García Facuriella

Oporto contiene en sus 45 kilómetros cuadrados la esencia y forma de las regiones circundantes: Oporto es Douro y Minho urbanizados. La ciudad sale del espacio acotado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad para acoger todos los contrastes.

Oporto es pasado a la vez que futuro. Fundada alrededor del siglo VIII a.C., pronto se convirtió en un punto de unión entre la costa atlántica de la Península Ibérica y los puertos del mediterráneo. Durante la Edad Media y la formación de la nacionalidad portuguesa es tal la importancia de la ciudad que Portugal misma toma su nombre de la denominación romana de Oporto: Portus Calle. Hoy, el puerto de donde salieron tantas naves en dirección a las tierras descubiertas para la Corona portuguesa entre los siglos XV y XVI quiere ser uno de los arietes de la nación para el futuro.

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Estación de São Benito - © Henrique García Facuriella

Oporto mantiene, entrelazadas con su condición de segunda ciudad de Portugal, las tradiciones propias de las aldeas -rurales y costeras- que la rodean. A pocos metros del centro urbano, comercial y burgués, están las calles de la Ribeira -el antiguo barrio de pescadores-, que atrae a los visitantes con su ambiente de inseguridad emocionante y retadora.

Estos contrastes llegan hasta los propios medios de transporte. Los barcos rabelos -que bajaban el vino de Oporto desde la región del Douro hasta las bodegas de Vila Nova de Gaia- no han desaparecido, ni la creación de la actual red de autobuses urbanos desalojó de sus carriles al tranvía que une la Ribeira con la Foz do Douro, como tampoco lo hará el futuro metro.

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Rua de Santana - © Henrique García Facuriella

Oporto permite, a golpes de paseo, pasar de la Edad Media en el barrio de la catedral o la iglesia de San Francisco al neoclasicismo en la Factoría Inglesa y, de aquí, volver al barroco de los Clérigos y el Palacio del Obispo. Con sólo tomar un taxi o autobús, el salto a la modernidad está garantizado en el Museo de Arte Contemporáneo de Serralves o el Palacio de Cristal.


 

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