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El románico
es quizá el arte más genuino de Cataluña, y en estos tres
valles se encuentra una de las colecciones más importantes de
Europa, un conjunto histórico-artístico de un valor
incalculable, repartido por todos sus pueblos, siendo un fiel
testimonio de un tesoro cultural y artístico de excepcional
interés.
En todos
estos elementos artísticos y a su vez culturales, se guarda el
alma de los hombres de estas tierras. Cada uno de los monumentos
que podemos encontrar en todas sus comarcas, son espacios de
arte donde se conservan trozos de historia de sus habitantes.
La riqueza
artística que cobijan estos valles es uno de los tesoros mejor
guardados del Pirineo. El patrimonio artístico que poseen es
completo, ya que cuentan con magníficos ejemplares del
románico, pero también el gótico, renacimiento o neoclásico;
y además la variedad existe ya que la producción artística se
extiende por todos los géneros y disciplinas: arquitectura,
escultura, pintura y talla, ejecutadas con una gran maestría a
veces, y otras, con una entrañable ingenuidad.
La visión
de un paisaje natural sembrado por el paso histórico de
romanos, cristianos y templarios, hace de toda la comarca, un
museo artístico de visita obligada.
Raro es
encontrar un pueblo que no sorprenda con algún elemento
artístico, conservados todos ellos en muy buen estado, lo que
constituye un patrimonio artístico incomparable. Cómo ocurre
en la mayoría del arte, los máximos exponentes son las
construcciones religiosas, entre las que destacan las de la
comarca de la Alta Ribagorça, como la de Santa María
de Cóll, Santa María de Cardet, Sant Feliu de
Barruera, la Natividad de la Mare de Déu, Santa
Eulalia de Erill la Vall, Sant Joan de Boi, Santa
María de Viu de Llevata y Sant Climent y Santa
María de Taüll. Entre estas últimas, los originales de
las pintural murales, el famoso Pantócrator con los
Apóstoles de Sant Climent de Taüll, se encuentran en el
Museo Nacional de Arte de Cataluña, aunque in situ se
pueden ver unas reproducciones idénticas, y en su lugar
original.
En el Valle
de Arán, destacan las iglesias de Mare de Déu de la
Purificació de Bossost (del siglo XII), que representa el
ejemplo más integro de la arquitectura románica aranesa, y
también las de Salardú, Arties, Tredós y
Vielha. Además, en el Valle de Arán, las
iglesias guardan magníficas muestras de pilas bautismales
pertenecientes en su mayoría a los siglos XII y XIII. Todas
ellas constituyen un interesante fondo iconográfico que da
testimonio histórico de las raíces celtas y preromanas del
arte cristiano del Valle.
Por último,
en el Pallars Sobirá destacan con más renombre, el
monasterio de Santa María de Guerri de la Sal, la
iglesia de Sant Joan d’Isil, el conjunto
arquitectónico de Sant Just y Sant Pastor de Son
o la ermita de Sant Lliser d’Alós d’Isil, a las que
se añaden otras expléndidas obras arquitectónicas que se
pueden contemplar en todos los rincones de la comarca.
Continua... >
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