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Después de
más de una vuelta atrás y la cuidadosa bajada de alguna
pequeña pared que cortaba nuestro camino, llegando ya la hora
de la comida, pudimos ver desde lo alto una sorprendente vista
de la aislada aldea de Bulnes.
Bulnes está
formado por un reducido número de casas y se ha convertido en
una atracción turística bastante accesible. Un sendero de unos
cuatro kilómetros con un suelo no muy cómodo, hacen que hoy
cualquier turista pueda acercarse a la vida de los pocos
habitantes que allí quedan. Bulnes polemiza sobre la
construcción de un cómodo acceso que facilitará sus vidas,
pero que cambiará radicalmente el atractivo de un lugar donde
para llevar cualquier mercancía sólo se cuenta con la ayuda
del burro o un helicóptero en casos extremadamente puntuales.
En esta aldea, a pesar de la
incomunicación viaria, se vuelve a oler la civilización que
dejamos en Sotres. Tras recorrer los pocos kilómetros que
separan Bulnes de Puente Poncebos se llega definitivamente al
caos de los coches aparcados a ambos lados de la carretera,
gente por todos partes... En definitiva: el regreso a la
realidad.
Continúa
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