Volver a la Página Principal
 tierratragame.es » 

Sumario

Introducción
Calentando Motores
Pasados por Agua
Frente a algo Imponente
De vuelta a la civilización
El Camino a Caín
Guía Práctica
 

 

Otros Reportajes

Picos de Europa...
en el recuerdo
Por: Miguel Iglesias
 
 Calentando Motores
 
Ampliar Foto
© Miguel Iglesias

Aquella travesía comenzó una tarde del mes de julio, pasadas las duras horas de calor. Una gran ilusión corría por los tres componentes de esta pequeña expedición, una minucia para los grandes acostumbrados a la montaña, pero un reto importante para nosotros.

Después de llenar nuestras mochilas con lo necesario, por experiencia y por recomendación, el camino, en este caso de asfalto, empezó en el pueblo de La Hermida, un lugar donde poder dejar nuestro coche con tranquilidad. La comodidad de la carretera servía de calentamiento para tres kilómetros más allá, en Urdón, tomar el camino que lleva a Tresviso. Tresviso es un pequeño pueblo de Cantabria que, aparentemente, está aislado. La Hermida, el pueblo más cercano en el mapa, se encuentra a unos seis kilómetros, pero ochocientos metros de altura distan entre ellos. Durante años, el único acceso a Tresviso fue el camino de Urdón, una zigzagueante senda que salva el desnivel en poco más de tres kilómetros.

En una de mis escapadas, ya no recuerdo cuando, descubrí en una postal, la fotografía de este camino, convirtiéndose en una obsesión, hasta que llegó el momento de afrontarlo. Hace unos años se abrió una modesta carretera desde su vecina Sotres, perteneciente a Asturias, que hace más fácil la vida de los oriundos de Tresviso, condenados al aislamiento. Este nuevo acceso sorprende a todo aquel que opta por llegar a Tresviso por la alternativa tradicional, al encontrarse los distintos vehículos de cada vecino al final de tan inhóspito camino.

Ampliar Foto
© Miguel Iglesias

Los primeros metros de este camino transcurren por una senda, sin ningún tipo de dificultad, que parte de la central hidroeléctrica de Urdón. Poco más allá, se convierte en una serpenteante senda sumamente empinada que paulatinamente va sustituyendo la cómoda tierra del camino por resbaladizos cantos rodados que agravan la dificultad del ascenso. Metro a metro, va cambiando la perspectiva de la Garganta de Urdón. Si no se lleva prisa, como era nuestro caso, el camino se puede amenizar con paradas que se convierten en pequeños descansos.

Lugares angostos, cortes impresionantes, como el Balcón de Pilatos (dónde se lanzaba al vacío al ganado enfermo, para que sirviera de comida a la importante colonia de buitres que allí habita) o las verdes praderas que acompañan a los últimos metros del camino, de nuevo prácticamente llano, junto a Tresviso son algunos de los momentos para deleitarnos con el paisaje. Una de estas praderas, próximas al pueblo, fue el lugar que elegimos para pasar la primera noche. Allí montamos nuestra tienda y para darnos la bienvenida comenzó una imponente tormenta de montaña.

Continúa


 

Sala de Embarque - Carretera y Manta - Pincha y Vete - La Revista que viene - Déjate llevar - En el hatillo - Puerta de Acceso - Salvoconducto - Cúbrete las espaldas - El Tiempero - Insert Coin - Turismo Solidario - Utiliza la lengua - Turismo Deportivo - Con mucho gusto - Cuaderno de Bitácora - Canales Viajeros - Correveidile - Algo que declarar

viajes@tierratragame.es

Una revista de...

Nosotros - La Semana que vivimos - AGD Arte Gráfico Digital - Reportur - Publicidad