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Los tópicos
suelen ser malos consejeros: ni el invierno de Pal-Arinsal es
sólo esquí, ni el resto del año sólo aventura. El ocio, sin
perder el contacto con la naturaleza, se presenta de múltiples
maneras: la montaña andorrana tiene cabida para escaparse de la
rutina de la vida diaria de otras formas más tranquilas. Como
la pesca, tanto como decir la calma y el sosiego por excelencia,
con un entorno de parajes de gran hermosura, casi idílicos. O
el tiro con arco, que con una mezcla de concentración, agudeza
visual, fuerza y un punto de tensión despierta las destrezas y
habilidades del visitante.
Con todo, lo
que marca la diferencia con respecto a la temporada invernal son
los recorridos por La Massana. Las rutas de senderismo permiten
excursiones de muy distinta índole, en familia o para
aventureros, por más de veinte rutas como la de L’Aldosa, que
permite descubrir los paisajes típicos andorranos, o como la de
Escàs, con un especial interés por la arquitectura. Pero
también los paseos a caballo, para llegar adonde no alcanza el
coche y disfrutar de la naturaleza en armonía con un noble
bruto, pero inteligente; las excursiones en bicicleta
todoterreno o en quad, para no olvidar el ruido de los
motores en la montaña. Y para no mover ni un músculo y
disfrutar de unos paisajes envidiables, los paseos en telesilla:
a más de dos mil metros de altitud, sin esquís, nada tiene que
ver Andorra con el invierno.
Continúa
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