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Adrenalina,
emociones fuertes… todas caben en unas vacaciones estivales.
No se llaman esquí, pero aun y todo tienen mucho en común con
él. En realidad no es sino un cambio de decorado en el mismo
escenario: las mismas pistas e instalaciones de la estación
invernal al uso, sólo que sin nieve, son el entorno idóneo
para dar rienda suelta a la aventura y el vértigo.
Rodar por
una pendiente a toda pastilla, sentir cómo el viento te golpea
la cara, dejarse llevar… y gozarlo. Las bicicletas de descenso
son lo más parecido al esquí sin nieve, en particular a sus
sensaciones. Los aficionados al ciclismo extremo vivirán algo
muy parecido a lo que sus ídolos en las pruebas más duras y
espectaculares. Y hace falta bien poco para disfrutarlo: una
bicicleta, un casco y algunas protecciones. Lo mismo ocurre con
la tirolina: sólo son necesarios una cuerda y un arnés para
sentir un cosquilleo en el estómago, primero, y las ganas de
repetir el descenso lo más rápido posible después.

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Los
incondicionales de las cuatro ruedas también tienen cabida en
la montaña, con la agilidad y la diversión de las motos quad.
Y para los menos sofisticados, la ligereza de los karts es más
que suficiente para desatar sensaciones trepidantes, de nuevo
cuesta abajo. Y aún quedan los circuitos de bicicleta de
montaña, para los que también quieren subir, para disfrutar el
paisaje, y no sólo bajar. El riesgo y la aventura no terminan
con la temporada de invierno: el visitante lo tiene todo para
venir a la montaña y descubrir que el vértigo también se
encuentra durante el resto del año.
Continúa
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