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Andorra
cautiva al visitante por el recogimiento y el disfrute de lo
accesible, de lo acogedor, de lo coqueto. Con valles como los de
la parroquia de La Massana, por donde moverse desahogado y
libre. Con unos pueblos que tienen el sabor del encanto rural:
acogedores, coquetos, que invitan a quedarse en ellos y
descansar. Con el encanto de la naturaleza y unos paisajes
idílicos por donde poder perderse, también en verano.
El encanto
de lo rural, y al mismo tiempo, todos los servicios al alcance
de la mano. Locales para disfrutar la noche al frescor del
verano o al calor de la música y una copa, donde charlar y
compartir el ocio con los amigos; para saborear la cocina
andorrana, ora recogido en la mesa, ora disfrutando del paisaje
en una barbacoa al aire libre.
Pero hay
más. El disfrute de esos retazos de historia, encantos del
románico como son las iglesias de Sant Antoni de la Grella,
Sant Armengol, Sant Climent o Sant Joan de Sispony; la
arquitectura tradicional de unos pueblos por los que parece no
haber pasado el tiempo. La eclosión estival de las costumbres y
tradiciones que acontece en las fiestas de Pal, Xixerella, Erts,
Arinsal, La Massana, Sisponi, Anyós, L’Aldosa… momentos de
cultura, de disfrute, pero también para hablar con la gente o
participar en un baile tradicional.
Continúa
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