Verdes valles,
rotundas crestas y ríos cristalinos trazados en lo más
profundo de los Pirineos guardan celosamente un paraíso donde
la cultura, el deporte, el ocio y la naturaleza se combinan para
dar lugar al Principado de Andorra. Las inmensas montañas
convierten la entrada en el país en una auténtica cruzada
donde el retorcido asfalto pierde poco a poco protagonismo para
dejar paso a los vertiginosos paisajes que componen la
geografía andorrana y acompañan al viajero durante todo su
recorrido.
Perdida entre las
montañas, se encuentra la parroquia de La Massana. Sus
pequeñas poblaciones se levantan a base de pizarra, piedra y
madera, en armonía con el entorno de bosques. Se trata de un
lugar que invita a la evasión pero que además ofrece al
viajero un sinfín de posibilidades donde el deporte blanco es
el máximo exponente.