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Sumario

Introducción
Camino de Casa
¡Tiro al ciclista!
Kalasnicof de fabricación casera
Tórrido y... sensual calor
Tras la "Gran Final" por fin Irán
Depende... todo depende
 

 

Otros Reportajes

De paso por... Pakistán
Texto y Fotos: Juan Antonio Alegre
 
 Depende... todo depende
 
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© Juan Antonio Alegre

En Zahedan había muchos afganos y mendigos durmiendo en la calle. En esta ciudad dormí mi primera noche. La siguiente al raso, junto con unos camioneros en la cuneta. En medio de la noche veía salir coches o personas andando por mitad del desierto. Kilómetros antes había un control militar y esta debía ser su ruta alternativa para esquivarlo.

Seguía con mi estrategia de dormir en la puerta de restaurantes, pero en una ocasión no encontré nada y ante el acoso de los coches en la oscuridad me tiré entre arbustos unos metros fuera de la carretera. En medio de la noche me despertaron un grupo de soldados corriendo con sus armas hacia mí y con un gran foco de luz alumbrándome desde un coche. Me levanté y gritando les expliqué que era un simple ciclista mientras les mostraba mi bici. Estoy seguro que no entendieron nada pero captaron en mi tono de voz verdadero miedo y parecieron comprender mi situación… Allí me dejaron indicándome que más abajo había un restaurante, pero una vez que se fueron volví a echarme a dormir, cosa que conseguí con sorprendente rapidez a pesar del susto.

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© Juan Antonio Alegre

Estaba claro que a Irán había entrado por la puerta falsa, la menos vistosa… Poco a poco todo mejoró; la gente, la comida y las maravillas a visitar. No obstante en mis recuerdos del sur destacan la antigua ciudad de Bam y Kerman. También me es fácil recordar como los coches paraban y me invitaban. Los paisanos eran muy amables, principalmente los jóvenes que siempre intentaban entablar amigable conversación. Disfruté de nuevo de la vida y pasé días imborrables en Isfahán.

Sin embargo, cuando dejaba la bici en el hotel y paseaba por las ciudades más de uno me cerró las puertas de su restaurante o negocio a la vez que me llamaban “afgani”. Realmente con las barbas, el pelo largo y la ropa que llevaba podía ser confundido con uno de ellos. Yo me sentía frustrado y no porqué me confundieran con uno de ellos, sino porqué yo pagaba honradamente y me comportaba con educación. Entonces, era para mí, salvando las distancias, como ser del Real Madrid y que los Ultra Sur pensando que eres atlético te dieran una paliza, a pesar de tener buenos amigos atléticos…

Han pasado los años y hoy veo las cosas de distinta forma... Los pakistaníes y los afganos son de buen corazón, lo que sucede es que ven las cosas de otra forma y tienen una concepcion distinta de lo que para otros es educación o buen comportamiento. Son más salvajes, más aguerridos o como se quiera llamarles, y su sentido del humor es más “ácido” que el nuestro. Yo tampoco era un tipo muy simpático en aquella época. El calor, la locura del tráfico, el juego de los niños “asalta ciclistas”, la comida... estaban en contra mía… No les supe entender ni seguirles la gracia. Sin duda, en todas partes hay mala gente pero nunca se debe generalizar…

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© Juan Antonio Alegre

En estos días, convulsos tras el 11 de septiembre, paseo con orgullo por las calles de Madrid con mi gorro “pasthu”, un pueblo que no entiende de fronteras, comprado en la fronteriza, con Afganistán, ciudad de Peshawar. Siguiendo las noticias, parece que estuviera de moda por lo mucho que se ha visto en los informativos de televisión o en las fotos de los periódicos. Más entre los combatientes de la Alianza del Norte que entre los talibán. No obstante, el gran público rápido lo relaciona con estos últimos. Siempre es más fácil opinar, sin reflexionar, sobre “los malos de la película” y todavía más fácil generalizar… Algunos ya dicen: “Los asesinos no sólo son los talibán sino todos los afganos, y no sólo ellos, sino todos los musulmanes…” Que lapidaria y gratuita resulta esta ignorante conclusión, en la que algunos quisieran verse respaldados para empezar a lanzar bombas como caramelos en la Cabalgata de Reyes… ¡Curiosos “efectos colaterales”, los de la maldita globalización mediática en la que vivimos!


 

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