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Camino de Casa
¡Tiro al ciclista!
Kalasnicof de fabricación casera
Tórrido y... sensual calor
Tras la "Gran Final" por fin Irán
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De paso por... Pakistán
Texto y Fotos: Juan Antonio Alegre
 
 Camino a Casa
 
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© Juan Antonio Alegre

Más que una visita, la finalidad de mi viaje a través de Pakistán, consistió en cruzar este país con motivo de mi vuelta a casa desde China. Aquel osado viaje en bicicleta gracias al que conseguí atravesar el continente asiático de cabo a rabo y al que llamé “ De Macao-Lisboa en una pedalada”. Tras el cual y sin esperarlo conseguí el premio al mejor viaje del año entregado por la Sociedad Geográfica Española, y que tuve el placer de compartir con Chus Lago por su ascensión al Everest… ¡sin oxígeno!.

…Recorriendo la famosa ruta de la seda crucé la fascinante ciudad-mercado de Kasghar, que tanto maravilló a Marco Polo, y las montañas del Pamir atravesando el puerto de montaña del Khunjerab, a 4.730 metros de altitud, mítico entre los viajeros a pedales. Por su vértice esta pintada en los mapas la divisoria que marca la frontera entre China y Pakistán. Su larga ascensión y posterior descenso significó para mí el comienzo de un viaje rodante por la apasionante amalgama de paisajes y ambiente humano que es Pakistán.

Llegaba el momento de pedalear por la histórica Karakorum Highway, una increíble línea de comunicación, en forma de pista de tierra, a la que ingenieros suizos calificaron de irrealizable, y que atraviesa una de las orografías más severas del planeta, abriéndose paso entre fascinantes montañas y profundas gargantas abiertas a su antojo por el río Indo.

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© Juan Antonio Alegre

Las cabras saltando por las aéreas e inestables paredes de ese abismo pétreo, los remolinos de viento y los desprendimientos de rocas conseguían hacer fascinante cada una de las jornadas de duro pedaleo. Cuando miraba hacia abajo me encontraba con el precipicio que conducía al violento torrente del río Indo, y si lo hacía arriba la vista se perdía en picos que superaban los ocho mil metros, arropados por un aplastante cielo azul infinito.

La gente con la que me cruzaba era amable y la comida, después de tantos meses conociendo todo tipo de fogones, no estaba mal. Me encontraba entre ismaelis, un pueblo que depende del Agha Khan. Su paraíso se llama Karimabad y se encuentra en el frondoso valle de Hunza. Uno de sus “curiosos lemas” dice “con mujeres educadas consigues niños educados”… Posteriormente lo recordaría en muchas ocasiones y lo acabaría “comprendiendo”.

Mi ruta continuaba descendiendo hasta llegar a Gilgit. Aquí la atmósfera era diferente. Se notaba tensión y eran visibles muchas armas ligeras al hombro de paisanos y de policías. A diferencia de los soldados chinos los de Pakistán me inspiraban respeto. Son altos, con piel oscura y mostacho. El uniforme caqui me recordaba al de los África Korps nazi. Esa primavera, 1999, el conflicto de Cachemira se había recrudecido y por tanto los movimientos de tropas eran considerables. Llegué a ver compañías de caballería con mulas y todo tipo de armamento que amedrentaban a su paso, robando la atención de paisanos y extranjeros.

Continúa


 

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