Mágico
cambio de luces…
Cuando al viajero
regresan las sensaciones vividas en esta tierra, sin duda, la
más intensa y fácil de recordar es la percepción que tuvo de
colores, espacios y volúmenes tremendamente saturados de
luminosidad. Es ésta mágica luz la que multiplica los matices
cuando se sale al encuentro de unos espacios naturales tan
sugerentes como dispares. Sometida a una fuerte actividad
sísmica, las tierras del estado de Oaxaca han sido modeladas al
antojo de las fuerzas telúricas, de los ríos y del viento,
originando paisajes severos en los sus pobladores buscaron el
sustento de los fértiles valles. Sin embargo, a las afueras de
cualquier pueblecito la naturaleza más radical forma parte del
entorno... Algunas de las grutas más profundas del mundo se
abren bajo suelo oaxaqueño para disfrute de espeleólogos.

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Rincones selváticos son refugio de numerosas especies buscadas
por los biólogos más afanados. Montañas que alcanzan su techo
en la cumbre del Cempoalteptl, de sagrada veneración por las
comunidades cercanas, son desafío para caminantes. O las playas
vírgenes de la costa a la que arriban a desovar cada temporada
miles de tortugas marinas, ideales para tomarse unos días de
descanso. Sin Duda, naturaleza y viva por explorar a
disposición de los viajeros más intrépidos...

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Un adiós
pensando en el regreso…
El mexicano Estado
de Oaxaca es un compendio de espacios naturales y grupos
étnicos... Montañas que rasan los 3.000 metros, rincones
selváticos, las cálidas costas del Pacífico y los fértiles
valles centrales dan cobijo a 16 grupos étnicos que hablan más
de una centena de dialectos. Cuna de artistas, soñadores y de
chamanes que poseen el secreto de las plantas curativas. Más
que un destino turístico, es toda una enciclopedia palpable y
profusamente ilustrada, dispuesta para ser abierta por todo
visitante que desee sumergirse en sus misterios y en su saber.
¡Siempre habrá un recuerdo bien guardado o un deseo no
cumplido que nos empuje a volver a las gentes, a las piedras y a
la luz de las tierras de Oaxaca!...
Continúa
