Danza
fraternal…
Las festividades y
sus celebraciones son el mejor momento para conocer la sincera
hospitalidad de los oaxaqueños. Ritos y magias se exteriorizan
en las diferentes danzas como plegaria que busca la armonía con
las fuerzas superiores, las que proporcionan la lluvia, las
cosechas, la caza, la fertilidad... Danzantes luciendo vestidos
y adornos prehispánicos, en ocasiones enmascarados, y al son de
la música están presentes en toda celebración.

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La de más
fervor en Oaxaca es la multitudinaria “Guelaquetza de los
Lunes del Cerro” (ofrenda a la Ciudad de Oaxaca que hacen las
regiones de los Valles Centrales, de la Sierra Juárez, de la
Cañada, de Tuxtepec, de la Mixteca, de la Costa y del Istmo de
Tehuantec). Cada delegación se presenta luciendo su atuendo de
gala y aporta una muestra de su herencia cultural ejecutando
bailes acompañados por cantos y música propios, que concluyen
con el lanzamiento sobre los asistentes de su “Guelaguetza”,
que significa “regalo u ofrenda mutua”. Bajo una lluvia de
panes, frutas, bebidas, artesanías, café y productos de cada
región los espectadores despiden a los danzantes, que con éste
lanzamiento rememoran la tradición prehispánica de la
cooperación y del reparto como medio de subsistencia de la
comunidad.

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Galería
de creatividad…
Las manos del
oaxaqueño están predispuestas para la creación. Hábiles y de
desbordante imaginación, no hay material que escape a su
composición. Madera, metal, tela, piel, vidrio, hoja de
palma... son modelados, pintados o forjados utilizando las
viejas técnicas. Especialmente reconocidos son los trabajos
textiles realizados en telares de madera y de cintura, de los
que han surgido durante generaciones sus llamativos vestidos
tradicionales, todavía usados hoy en muchas comunidades, o
elaborados tapices y alfombras multicolores. Teñidos mediante
colorantes naturales, éstos son extraídos de la cochinilla
(insecto); de la fermentación del añil; del musgo o del
ordeño de una variedad de caracol marino, y mediante el uso de
diferentes reactivos consiguen toda la gama de colores
necesarios para sus diseños.

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Mención especial merece también
los trabajos en madera y cuya más famosa expresión son los
conocidos “alebrijes”. Seres sobrenaturales, fantásticos,
nacidos del delirio de un conocido artista oaxaqueño que se
presentan, por ejemplo, con cuerpo de serpiente, alas de pájaro
y cabeza de jaguar, siempre con formas imposibles y salpicados
de vivos colores. Difícil será abandonar Oaxaca sin detenerse
en un mercado, rebuscar y “regatear” un recuerdo que llevar
a los que se quedaron en casa...
Continúa
