Ajenos al tiempo…
El mejor punto de
partida para un viaje a las “mil y una maravillas”
oaxaqueñas, ineludiblemente debe comenzar en las calles del
centro histórico de su capital, la Ciudad de Oaxaca. Declarada
Patrimonio de la Humanidad por el cúmulo de templos, basílicas
y conventos levantados en sus calles y plazas, éstos parecen
hacer caso omiso al paso de los siglos como fiel reflejo de lo
que fue un tiempo pasado de conocimiento europeo y maestría
indígena. Museos, bibliotecas, teatros, hoteles o la propia
universidad se alojan hoy en su interior para admiración de
visitantes.
Modos arquitectónicos cuya máxima expresión la
encontraremos en el mismo corazón de la ciudad, donde se
levanta la Catedral frente al siempre animado zócalo. Desde lo
alto del Cerro de El Fortín puede vislumbrarse, a vista de
pájaro, una excelente panorámica de su reticulada alineación
y de la disposición de los edificios más singulares que antes
o después, a ras de suelo, no podemos dejar de visitar.

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Magnífica
desmesura…
Con la llegada y el
establecimiento de los colonos españoles en la región, se
funda la ciudad de Oaxaca que pronto crece profusamente fruto de
la explotación de materias primas, de la mano de obra, de las
manufacturas y del prodigo comercio. Éste desarrollo fue parejo
al empeño del clero por evangelizar a toda costa a las
comunidades indígenas como fórmula de control social y
económico sobre las tierras de la Nueva España. Aun puede
verse alguna famosa “picota” (columna con argollas) de las
que se colocaron a la puerta de todas las iglesias para
escarmiento público de criminales.

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Fruto de está férrea
presencia eclesiástica fue la proliferación de una exuberante
edificación religiosa que mantuviera a la nueva doctrina por
encima de las originales. No en vano, algún clérigo de rango
espetó refiriéndose a los indios, “maman las idolatrías de
los pechos de sus madres”... Aquella obsesiva presencia
arquitectónica permite que en nuestros días podamos admirar
obras maestras en fachadas e interiores de templos surgidos de
los planos de arquitectos españoles, y de las manos y la
imaginación de los trabajadores indígenas que aportaron su
particular toque a los estilos europeos.
El Bazar de los
encuentros…
Es a la sombra de la
catedral, en el Zócalo y en la Alameda de León, donde se
manifiestan los acontecimientos sociales, festivos y
reivindicativos de la ciudad. Clara demostración de carácter y
resistencia gracias a los cuales los oaxaqueños han soportado
los avatares de su historia y de su presente. Todos los días
del año son motivo de celebración o de movilización. Santos
Patrones, conmemoraciones y festividades relacionadas con el
ciclo vital de las cosechas se mezclan con eventos organizados
por grupos indígenas, cooperativas de campesinos o por
cualquier otro colectivo. Llegados de todas partes del estado,
exponen las quejas y soluciones que en justicia reclaman, a la
espera de que su voz sea escuchada por los poderes públicos. Si
la causa de su reclamación fuera atendida, como no, también
pasará a ser motivo de celebración por todo lo alto...
Continúa
