Desmoralizado
por sus infructuosos intentos de conquista sobre tierras
oaxaqueñas, Hernán Cortés se justifica por carta ante el Rey
de España alegando, “Esta tierra es tan montañosa que no
puede ser cruzada ni siquiera a píe”, y hace el símil de un
papel arrugado sobre una mesa cuando describe el paisaje agreste
de los valles altos. Al referirse a sus pobladores, Cortés
relata que envió varias veces a sus tropas contra los
indígenas, “pero fueron incapaces de hallar victoria porque
sus guerreros eran muy fieros y bien armados”... Sin embargo,
curiosamente pasados los años, Cortés delataría su
fascinación y agradecimiento a estas mismas tierras alegando,
“Bendito sea Dios que me permitió conocer estos lugares”...

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De esta
guisa describieron las primeras crónicas enviadas al otro lado
del Océano a las tierras y a las gentes de una región que,
pasados 500 años, siguen manteniendo orgullosas su latente
identidad. La que heredaron de los “antiguos”, los
Zapotecas, los Mixtecas, los Aztecas... Carácter y temperamento
templados por un entorno agreste, en el que un mosaico de
culturas surgidas y forjadas en el seguimiento de ritos
ancestrales, invitarán al viajero a reencontrarse con valores
ya olvidados. ...Quizá los mismos que tanto cautivaron al
mismísimo Hernán Cortés...