Pese a ser una gran ciudad,
Auckland debe estar entre las capitales más habitables. Las
calles están limpias, el tráfico es escaso, el ruido se tiene
que intuir y los jardines son francamente abundantes. Los
colores son vivos y los espacios amplios.

Una de las cosas que más
sorprenden en estas ciudades, es que no hay edificios antiguos,
todo es nuevo, dos siglos en el mejor de los casos que rara vez
llegan a uno, haciendo que incluso obras de ingeniería de
cierta envergadura, sean verdaderas reliquias en semejante
escala de tiempo.

Cerca del puerto, el puente
"del puerto" es uno de los lugares más agradables
para pasear y pensar, sobre todo si uno esta a 20.000
kilómetros de casa con los últimos restos del presupuesto en
el bolsillo, poco más de tres dólares neozelandeses. Allí se
comparte el espacio con las ruidosas gaviotas que te recuerdan,
además del precio del billete de avión, uno de los principales
inconvenientes del destino, las 26 horas de vuelo y los dos
días de aeropuertos que aún se han de afrontar.
Continúa
|