|
Con cerca de 48 millones de
ovejas hambrientas, 16 veces la población humana, Nueva Zelanda
es el país de los corderitos, el país donde las inocentes
ocurrencias del Principito llegaron a ser realidad.

48 millones de mandíbulas
que han precipitado un cambio radical desde que pisaran por
primera vez el país en tiempos de Cook. De nada sirve el vigor
de las plantas nativas, cuyos laberintos de raíces llegan a
crear la ilusión de que los objetos a su alrededor son de
juguete.

Lianas son tan poderosas que
llegan a asfixiar al árbol que las sostiene, no tienen la menor
oportunidad contra estos herbívoros escasamente organizados.

Los impresionantes bosques
de helechos arbóreos, verdaderos fósiles vivientes, y toda la
flora nativa y la mayor parte de la fauna han sido reducidos a
pequeños parches verdes fuertemente protegidos, o forzadas al
exilio fuera de las dos islas principales, Norte y Sur, en los
más de treinta islotes que en conjunto forman el país.

Y sin embargo otros árboles
se mantienen en pie sea como sea. Parece que si la colina que
inspiró la canción de U2 "One Tree Hill" pierde el
árbol, nuestra incompetencia medioambiental se hace demasiado
evidente.

Pero desgraciadamente, no
todos los árboles han inspirado canciones de grandes grupos, y
desde esa misma colina, se observa la supremacía de la capital
en el horizonte.
Continúa
|