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Afortunadamente las cosas han
cambiado bastante en los últimos 150 años y los esfuerzos para
conservar son grandes. De las pocas cosas que en mi modesta
opinión se escapan de este esfuerzo de protección, son los
elementos tradicionales maoríes, que se ceden alegremente a las
hordas de turistas sedientas de "folklore", sin
ningún tipo de rigor. Y así, mientras las "danzas"
al ritmo de guitarra acústica (¡¿?!) proliferan, los museos
se hunden en el abandono.

Es curioso que algunas
piezas sean tan toscas mientras otras, son sencillamente
mareantes. Entre estas, las casas tradicionales se llevan la
palma. Son de una meticulosidad extrema, talladas hasta el
último centímetro cuadrado, adornadas con conchas y pintadas
de un rojo que reclama la atención con avaricia.

Las casas están escoltadas
por figurillas de propósitos oscuros cuidadosamente alineadas
que recortan su silueta contra el cielo de una manera
intimidante.
Continúa
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