Más allá del norte de la Navarra
media, llana como Castilla y vinícola como La Rioja, las
pequeñas montañas se convierten en una de las cordilleras más
hermosas del país: los Pirineos. Navarra en su límite con
Francia comparte en pleno su belleza. Desde Bértiz al Roncal el
verdor es casi mágico, prolongándose por las zonas de
vertiente norte en un espectáculo formidable.
En el oeste se percibe de modo
extraordinario la influencia vasca: los pueblos se llenan de
caseríos y las montañas tienen un verde diferente. El
señorío de Bértiz comprende numerosos valles donde la belleza
es casi un epíteto. Sin embargo, cuanto más marchamos hacia el
este más cerca parecen los Pirineos oscenses.

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El punto clave en el norte de Navarra
es Roncesvalles, el valle donde la historia levantó por sí
misma edificios como queriendo dar testimonio. Más allá de la
leyenda y la Chanson de Roland, un antiguo monasterio y
refugio de peregrinos suponen el casi total de una minúscula
aldea. Roncesvalles es el primer hospicio e iglesia desde que
los caminantes entran en España provenientes de St. Jean-Pied-de-Port,
una bella ciudad francesa que es casi una obligación visitar.
Desde el siglo X las órdenes religiosas se ocupan en el lugar
de la oración y el trabajo. Pero más allá de su capilla, su
claustro o su bella iglesia, en el lugar se debe conocer la
historia, por lo que es muy importante sumarse a una visita
guiada. La vieja leyenda será poco a poco desmitificada y a la
vez seremos fascinados por nuevos relatos.

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Cada vez más cerca de Huesca las
montañas forman el valle del Roncal, el más oriental de los
Pirineos navarros. Allí la cordillera toma sus formas más
inaccesibles y dibuja las laderas más bellas. Desde lo alto de
los picos, rodeados de vastas praderas para el ganado, el resto
del mundo adquiere una dimensión de extraordinaria belleza.
Dentro de la nueva longitud del tiempo adquirida en los valles
no importa subir y bajar carreteras con tal de hacerlo cada vez
más alto y cada vez más verde. Después descender y entrar en
los pueblos para comprar la gastronomía típica -cuyo
protagonista indiscutible es el queso-, se sigue dentro de esa
pequeña espiral de placeres. Los Pirineos navarros esconden un
mundo aparte del resto de la comunidad.
Continúa
